jueves, 25 de junio de 2015

Fortaleza mía


La fortaleza que tenemos en nuestros momentos de debilidad, cuando el mundo se nos viene encima, cuando ya estamos cansados de vivir la vida, cuando creemos que estamos perdidos, cuando perdemos a alguien a quien tanto amamos y nos sentimos solos, cuando las cosas no salen como queriamos... esa fortaleza que nos da aliento a seguir adelante en la vida viene propiamente de Dios, quien nos ampara en nuestros momentos más difíciles.

Cuando pedimos a Él fortaleza nos contesta de diferentes maneras, a veces de las más extrañas, el secreto es pedir con amor y teniendo la fe y la certeza de que las cosas pasan por una causa ya planeada por nuestro Dios. Teniendo la fe de que Dios nos da las cosas en "Su tiempo" y no en el que nosotros las queremos, que nos da dolor para aprender y sentir más amor por las personas y los detalles de la vida, que cuando perdemos a alguien es un ciclo de vida y que no es una pérdida eterna sino temporal.

Creer en Dios es a veces cerrar tus ojos y sentir Su presencia en tu vida, sentir Su aliento para que cuando estes cansado(a) puedas seguir por el sendero que Dios nos ha planeado, es sentir Sus manos apoyadas en tu cabeza diciéndote que todo va a estar bien cuando nos sentimos perdidos, es creer que cuando nos sentimos solos y desconsolados Él nos abraza, que cuando las cosas no salen como queríamos no es por que Dios sea malo, o porque no nos quiera, sino porque muchas veces lo que pedimos no nos conviene y Dios nunca nos  daría algo que eventualmente nos lastimara, o nos hiciera perdernos en esta vida.

La fortaleza de Dios es como andar en un hermoso corcel, y nosotros somos los jinetes, cuando estamos cansados nuestro corcel nos levanta y nos lleva en su lomo. Dios es nuestro escudo en nuestras batallas, es quien nos protege de todo mal, es nuestra espada con la cual debemos pelear la batalla diaria que nos lleve más a Su presencia, alejándonos de las cosas vanas y materiales.

Recuerda que cuando crees que eres débil, entonces eres más fuerte porque en nuestra debilidad se manifiesta la grandeza de Dios.

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