domingo, 6 de julio de 2014

Equipaje del peregrino

LOS MAPAS… Son el resultado de la experiencia de otros que patearon de mil modos estas tierras. Tengo que reconocer que por mucho que me empeñe, yo no voy a inventarme nada y que la experiencia de guías me resulta imprescindible.

LA CANTIMPLORA…Recuerdas aquellas citas de la Biblia…”Como busca la cierva corrientes de agua…” o “aquella samaritana que bebe en pozos que no sacian su sed interior…”. La cantimplora me recuerda que siempre tengo sed, y que la fuente del corazón, ahí donde habita el buen Dios, a menudo se me enturbia o hasta la dejo secar.

LA ROPA DEL PEREGRINO…La capa de agua, el protector solar y la gorra…me recuerdan que el peregrino lo es siempre sean cuales sena las condiciones climatológicas. El peregrino no se sienta a esperar que haga el tiempo ideal para echarse al hombro la mochila. A veces habrá que ponerse encima la capa de la paciencia para aguantar los chaparrones que nos trae la vida. Y darse cuenta de que el sol aprieta, desgasta, hace sudar y se camina más despacio. Una visera para que el son no nos venza, no nos ciegue, es siempre la misericordia conmigo mismo y con los otros.

EL RESTO DE LA ROPA…Me tiene que llevar a reflexionar que el uniforme de mi camino ha de ser la verdad, la justicia, la fe, sandalias ágiles para el anuncio, la salvación, la palabra de Dios (menos mal que esta va siempre en la mochila de mi corazón…).

LA COMIDA…imprescindible para caminar, para vivir. Me estoy dando cuenta de que si “andando se me abre el apetito”…ser discípulo me debería recordar que necesito hacer la voluntad del Padre, que era el alimento de Jesús, y que era el pan de cada día, que él dejó a sus discípulos peregrinos, debería ir siendo eso, el de cada día.

MOCHILA AL HOMBRO…¡Cuantas cosas llevo en mi mochila!, pero me he dejado otras muchas cosas que no echo de menos en absoluto…Ahora que se van sumando los Kilómetros, los hombros y las piernas empiezan a quejarse y a protestar…El camino me va haciendo descubrir que sólo se camina bien cuando “voy ligero de equipaje”. Ahora empiezo a entender un poco mejor aquella recomendación que Jesús hacía a sus discípulos: “Les encargó que no llevaran más que un bastón, ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, que calzasen sandalias pero que no llevasen dos túnicas” (Mc 6, 7-9).

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