miércoles, 23 de marzo de 2016

Llegaste a mi

Llegaste a mí, humilde y discretamente,
para ofrecerme tu amistad.

Me elevaste a tu nivel, abajándote Tú al mío,
y deseas un trato familiar,
pleno de abandono.

Permaneces en mí misteriosamente,
como un amigo siempre presente,
dándoseme siempre,
y colmando por completo
todas mis aspiraciones.

Al entregártenos,
poseemos contigo toda la creación,
pues, todo el universo te pertenece.
Para que nuestra amistad sea perfecta,
tú me asocias a tus sufrimientos y alegrías,
compartes conmigo tus esperanzas,
tus proyectos, tu vida.

Me invitas a colaborar en tu obra redentora,
a trabajar contigo con todas mis fuerzas.

Quieres que nuestra amistad
sea fecunda y productiva,
para mí mismo y para los demás.

Dios amigo del hombre,
Creador amigo de la criatura,
Santo amigo del pecador.

Eres el Amigo ideal,
que nunca falta en su fidelidad
y nunca se rehúsa a sí mismo

Al ofrecimiento de tan magnífica amistad,
quisiera corresponder
como Tú lo esperas y mereces,
procediendo siempre como tu amigo. 

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