martes, 21 de agosto de 2018

24 pequeñas maneras de amar

Cuando a la gente se la habla de que "hay que amarse los unos a los otros" son muchos los que se te quedan mirando y te preguntan: ¿Y amar, qué es: un calorcillo en el corazón? ¿Cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de desconocidos o semiconocidos? ¿Amar son, tal vez, solamente algunos impresionantes gestos heroicos?   Voy a ofrecer una lista de 24 pequeñas maneras de amar:  

-Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.  

- Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.  

- Pensar, por principio, bien de todo el mundo. 

- Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se la merecerían teóricamente. 

- Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas. 

- Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos. 

- Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos. 

- Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú. 

- Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos. 

- Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores. 

- Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos. 

- Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso. 

- Contestar, si te es posible, a todas las cartas. 

- Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo. 

- Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, pero subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos. 

- Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos. 

- Hacer regalos muy pequeños, que demuestren el cariño pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo. 

- Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú. 

- Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos. 

- Dar buenas noticias. 

- No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros. 

- Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.

- Mandar con tono suave. No gritar nunca. 

- Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo. 

La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable.

José Luís Martín Descalzo

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