viernes, 20 de octubre de 2017

Vivir el Domingo 29 de TO, CICLO A – DÍA DEL DOMUND

MATEO 22, 15-21
Se retiraron entonces los fariseos a elaborar un plan para cazar a Jesús con una pregunta. Le enviaron a sus discípulos con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: - Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importa de nadie, porque tú no miras lo que la gente sea. Por eso, dinos qué opinas: ¿está permitido pagar tributo al César o no? Calando Jesús su mala intención, les dijo: - ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda del tributo. Ellos le ofrecieron un denario y él les preguntó: - ¿De quién son esta efigie y esta leyenda? Le respondieron: - Del César. Entonces les replicó: - Pues lo que es del César devolvédselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.

LOS POBRES SON DE DIOS

A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Le envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez no faltan entre ellos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.
La trampa está bien pensada: «¿Estamos obligados a pagar tributo al César o no?». Si responde negativamente le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.
La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Pocas palabras de Jesús habrán sido tan citadas como estas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta defensor de los pobres.
Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios «le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes» (Salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? ¿Acaso no son hijos de Dios los súbditos del emperador?
Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan la «moneda del tributo» en sus bolsas que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.
Por eso les recuerda algo que nadie le ha preguntado: «Dad a Dios lo que es de Dios». Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.
No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa «dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano» que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia con las prácticas religiosas.

José Antonio Pagola

jueves, 19 de octubre de 2017

Dibujo de Fano para el Evangelio del Domingo (22/10/2017)

"hay que mantener un equilibrio, pero el amor y Jesús siempre han de estar por encima"
Mt 22,15-21

¿A quién te vendes? ¿A quién nos vendemos? ¿A Dios? ¿Al “César, dinero, comodidad- placer-egoísmo”…? ¿De quién es nuestro corazón? ¿Del Padre que rodea al mundo con el amor del Hijo? ¿O del peso de lo que ata y no nos deja ser nosotros mismos? El Padre posee la capacidad de mirada más amplia y acogedora que podamos imaginar.

El que vive colmado por el “dios” dinero u otros “dioses”, no puede mirar, porque su codicia se lo impide. El dinero impide una mirada generosa, que es a la que nos lanza continuamente el banquete de la eucaristía.

Hay que mantener un equilibrio, pero el amor y Jesús siempre han de estar por encima. A Jesús lo ponen en la cuerda floja, él debe mantener un equilibrio pero sitúa por encima el amor. Esa ha de ser también nuestra ubicación, nuestro lugar en el mundo.

En este día del DOMUND ampliemos nuestra mirada a la realidad que nos ofrece el testimonio de tantos misioneros y misioneras en todo el mundo. San Damián el misionero de la isla de enfermos de lepra en Molokai, nos invita a olvidar al César y reconducirnos: “Pongámonos en las manos de Dios, como instrumentos en las manos del obrero. En la vida o en la muerte, seamos siempre de Jesús”.

Alentados por el testimonio y la intercesión de los santos misioneros, dediquémonos con pasión a ofrecer con generosidad los dones que hemos recibido.

Dibu: Patxi Velasco Fano
Texto: Fernando Cordero ss.cc.

Bienaventuranzas del mundo

Dijo el falso profeta:

Felices los Ricos porque ellos lo tienen todo y poseen la tierra…
Y dijo el dios Tener: Si quieres venir tras de mi, ve,… acumula todo lo que puedas, no lo compartas con nadie y sígueme. Nunca estarás solo, tendrás muchos amigos y nada te faltará. Quien más tienen más vale.

Felices los Conformistas porque todo os va bien y nadie tienen que consolaros…
Y dijo el dios Comodidad: Si quieres seguirme, ve y prueba de todo un poco pero sin comprometerte con nada ni con nadie. No seas creativo, no te comas el coco, adáptate a lo que hay. Puedes hacer lo que quieras pero sin mojarte, incluso celebrar la Eucaristía…, no soy un dios celos; eso sí –y en esto soy muy exigente- que estar cómodo sea lo más importante de tu vida.

Felices los Poderosos, los trepas, ya que ellos hacen lo que les da la gana sin que nadie les vacile.
Y dijo el dios Poder: Ve… pisa a quien puedas, haz la pelota, miente, machaca con tu crítica y créetelo… ¡eres el mejor!. Pásaselo por delante de la cara a los demás. ¡Ah! Y de vez en cuando haz algo bueno. Perdona a alguien la vida, pero eso sí, díselo a todo el mundo que has sido tú, no vayan a pensar que pasas de los demás.

Felices los superficiales, los que viven de apariencias dando el pego, porque siempre estáis de moda.
Y dijo el dios Masa: Ve, disuélvete en el mogollón, ponte las marcas que te diga, da como puedas culto al cuerpo. No preguntes el porqué de las cosas, si todo el mundo lo hace no hay duda que está bien. ¡Ah! Y algo muy importante: señala con el dedo a quien no me siga. No te compliques en ser, yo seré por ti.

Felices los fríos de corazón, porque nadie os la pega.
Y dijo el dios Yo: Ve, desconfía de todos, especialmente de los pobres, aprovéchate de ellos. No ames, pues el amor roba tu intimidad. No dejes que entre nadie en tu vida. Tú mejor utiliza las personas y siempre serás libre. Date cuenta de lo mucho que te ofrezco…
Mi precio no te lo vas a creer; es la monotonía y la depresión. Pero eso sí, no se lo digas a nadie.

Felices vosotros cuando os aplaudan y os admiren. Alegraos porque será grande vuestro prestigio y la fama estará siempre con vosotros. Bien os habéis ganado la recompensa. Benditos vosotros porque vuestro es el éxito en el reino de la tierra. Amén. 

No me elegisteis vosotros a mi...


No eres evangelizador por tu propia cuenta. Es cierto que, un día, te ofreciste para serlo. Pero estabas respondiendo a una llamada.

La misma llamada que hizo Jesús a sus apóstoles y discípulos para que fueran sus compañeros en el anuncio de la Buena Noticia a los hombres, especialmente a los más pobres.. Aunque tú la hayas percibido por medios muy humanos, la llamada a ser evangelizador la has recibido de Dios. Dios te necesita. Dios nos necesita.

La semilla de la fe que recibiste en tu bautismo ha dado su fruto. Te has sentido “consagrado” al Señor y “exigido” por Él para anunciar a los hombres la maravilla de su salvación. Tu llamada no es un título de honor; es una vocación de servicio. Vívela así en todo lo que haces por la causa del evangelio.

Necesitas cultivar, alimentar y cuidar tu propia fe. Como evangelizador  (monitor) no eres funcionario de una organización, a la que prestas tu colaboración activista; ni un voluntario de una institución altruista, con cuyos fines humanitarios te identificas. 

A su llamada creadora debes tu existencia como persona, como creyente y como evangelizador o monitor: Por tu mérito no puedes apuntarte ningún tanto en este sentido, pero tu capacidad te viene de Dios.

No te preguntes por qué te ha llamado. Si miras a tu alrededor encontrarás a gente mejor que tú, más preparada, con más gancho. Y, sin embargo, ahí estás tú. Dios te ha llamado y te da miedo. Hasta le puedes decir: “mira que no sé hablar”. Pero Él te responderá siempre: “venga, no temas, que yo estoy contigo”. Su llamada te fortalece y te da el ánimo que necesitas.

Las llamadas son diferentes. No todos somos llamados para lo mismo. Pero todos tenemos la responsabilidad de que no falte la respuesta a ninguna de ellas. Ningún evangelizador debe ser indiferente: la responsabilidad es de todos.

Salmo del discípulo que quiere anunciar a Cristo


Aquí estamos, Señor, como tus discípulos en Galilea.
Aquí estamos, Señor, respondiendo a tu llamada.
Aquí estamos, Señor, porque nuestro gozo eres tú.
Aquí estamos, Señor, queremos ser anunciadores de tu Reino.
Aquí estamos, Señor, con la confianza puesta en ti.

Como los discípulos en Galilea...
nuestro deseo es salir a tu encuentro,
porque en medio de nuestra vida
tú ocupas siempre un lugar importante.

Respondiendo a tu llamada...
porque a ti no se te puede decir que no,
porque en nuestra respuesta encontramos el gozo.
Aquí nos tienes, puedes contar con nosotros.
No sabemos si sabremos hacerlo como tú deseas,
pero sabes que la ilusión no nos falta.

Porque nuestro gozo eres tú...
Quien te descubre ya no puede vivir como antes;
quien te ha visto, ya no puede negarte;
quien te ha sentido, ya no puede olvidarte.
Tú eres nuestro gozo,
porque te hemos visto, sentido y descubierto.
Tú eres nuestro gozo,
porque eres la perla preciosa, el tesoro escondido.
Tú eres nuestro gozo,
porque toda nuestra vida tiene sentido desde tu presencia.
Queremos ser anunciadores de tu Reino...
porque te hemos sentido cerca;
porque ahora sabemos qué es lo bueno, lo perfecto;
porque cuando algo tan grande como tú se descubre,
ya no es posible guardar silencio.
Aquí estamos,
porque sabemos que nos necesitas,
y te ofrecemos lo mejor que tenemos, nuestra propia vida,
para que sea instrumento al servicio de tu Reino.

Con la confianza puesta en ti...
Sabemos que no debemos poner toda la confianza
en nuestras propias fuerzas, sino en las tuyas.
Por eso acudimos a ti,
porque si nos falta valentía, tú nos darás coraje;
porque si nos falta fe, tú nos la aumentarás;
porque si nos falta el ánimo, tú nos darás la paciencia;
porque contigo, Señor, cualquier cosa es posible.

Cuentos Misioneros "El barril de vino"

"Cierto día se organizó en el pueblo una gran fiesta. Todo estaba preparado para el gran evento. En la plaza del pueblo habían construido un gran barril para el vino. Se habían puesto todos de acuerdo en que cada uno iba a llevar una botella de vino para verterla en el gran barril, y así disponer de abundante bebida para la fiesta.

Se acercaba la noche, y Juan, viendo que llegaba la hora de partir hacia la plaza, tomó su botella vacía para llenarla con vino de su barril. Pero de pronto lo asaltó un pensamiento: "Yo soy muy pobre, y para mí es un sacrificio muy grande comprar el poco vino que hay en mi casa. ¿Por qué tengo que llevar igual que todos los demás? Voy a hacer una cosa: llenaré mi botella con agua, y cuando llegue a la plaza la verteré en el barril, así todos verán que hago mi aporte, y no vaciaré mi barril de vino. De todos modos somos muchos, y mi poquitito de agua se mezclará con el vino de los demás y nadie notará la falta".

Así lo hizo. Llegada la noche, se acercó ante la vista de todos los vecinos y vació el contenido de su botella en el barril de la plaza. Nadie sospechó nada. Todo el resto del pueblo fue aportando su parte de vino en el gran barril.

Comenzó la fiesta, la música, la danza. Y cuando llegó la hora de servir el vino ¡oh sorpresa! Abrieron la canilla del barril y... ¡salió solamente agua cristalina!. ¿Quién iba a pensar que a todos se les iba a ocurrir pensar lo mismo que Juan? Y todos los del pueblo, avergonzados, agacharon la cabeza y se retiraron a sus casas. Y la fiesta se terminó."

En la tarea misionera todos aportamos nuestro granito de arena y, por pequeño que parezca nuestro aporte, es importante. Todos tenemos un papel que jugar en la tarea evangelizadora, pequeño o grande, pero el nuestro, y nadie puede hacerlo por nosotros.

Decálogo del catequista misericordioso

Tomando las palabras del Papa Francisco en su homilía en la celebración eucarística del Jubileo del Catequista en el Año de la Misericordia podemos encontrar diez propuestas que lo definen en una suerte de Decálogo del catequista de la misericordia:
  • El catequista anuncia, a ejemplo de san Pablo, lo esencial de la fe, el primer anuncio, que “el Señor Jesús ha resucitado, el Señor Jesús te ama, ha dado su vida por ti; resucitado y vivo, está a tu lado y te espera todos los días”, y “te ama personalmente”.
  • El catequista de la misericordia sabe que “a Dios-Amor se le anuncia amando: no a fuerza de convencer, nunca imponiendo la verdad, ni mucho menos aferrándose con rigidez a alguna obligación religiosa o moral”.
  • El catequista de la misericordia no es ni mundano ni estrábico, porque no se queda en la apariencia ni es indiferente, a diferencia de quien “mira con deferencia a las personas famosas, de alto nivel, admiradas por el mundo, y aparta la vista de tantos Lázaros de ahora, de los pobres y los que sufren, que son los predilectos del Señor”.
  • El catequista de la misericordia construye la historia saliendo de sí mismo, porque “a Dios se le anuncia encontrando a las personas, teniendo en cuenta su historia y su camino”.
  • El catequista de la misericordia anuncia a Cristo “a través del testimonio sencillo y veraz, con la escucha y la acogida, con la alegría que se difunde”, porque “el Señor no es una idea, sino una persona viva”.
  • El catequista de la misericordia anuncia a Cristo con alegría y con coherencia: “No se anuncia bien a Jesús cuando se está triste; tampoco se transmite la belleza de Dios haciendo solo bonitos sermones”.
  • El catequista de la misericordia anuncia a Cristo en la caridad y con creatividad: “Al Dios de la esperanza se le anuncia viviendo hoy el Evangelio de la caridad, sin miedo a dar testimonio de él incluso con nuevas formas de anuncio”.
  • El catequista de la misericordia anuncia a Cristo con humildad y servicialidad, pues “como servidores de la palabra de Jesús, estamos llamados a no hacer alarde de apariencia y a no buscar la gloria”.
  • El catequista de la misericordia anuncia a Cristo con positivismo y optimismo, pues “no somos profetas de desgracias que se complacen en denunciar peligros o extravíos; no somos personas que se atrincheran en su ambiente, lanzando juicios amargos contra la sociedad, la Iglesia, contra todo y todos, contaminando el mundo de negatividad. El escepticismo quejoso no es propio de quien tiene familiaridad con la Palabra de Dios”.
  • El catequista de la misericordia anuncia a Cristo con apertura y proximidad, por que “el que proclama la esperanza de Jesús es portador de alegría y sabe ver más lejos, tiene horizontes, no tiene un muro que lo encierra; ve más lejos porque sabe mirar más allá del mal y de los problemas. Al mismo tiempo, ve bien de cerca, pues está atento al prójimo y a sus necesidades”.

Manuel María Bru
Delegado episcopal de Catequesis de Madrid

Octubre Misionero 2017 "Dar amor..."


Octubre Misionero 2017 "La mies es mucha..."


Video-Canción "Agustinas Misioneras"




lunes, 16 de octubre de 2017

Perfil del misionero

  • El Misionero es una persona enamorada del Reino, que ve y gusta la acción de Dios en los pueblos y culturas. Tiene  una profunda espiritualidad misionera, es el hombre de las bienaventuranzas. 
  • Se siente enviado, como Jesús lo fue del Padre, realizando el proyecto de Dios en medio de los hombres.
  • Está formado según el Magisterio de la Iglesia. 
  • Está preparado y entrenado por su formación a trabajar en equipo, con sentido de comunión y de participación.
  • Tiene también, en vista a su trabajo misionero específico, una preparación cultural adecuada.
  • Es capaz de arriesgarse. Va a donde otros no se animan a ir.
  • Opta con decisión privilegiando los grupos humanos y lugares más difíciles, donde todavía no ha penetrado el mensaje de Cristo, o ha penetrado en forma insuficiente. No le asusta partir más allá de las fronteras.
  • Sabe hacer un buen análisis de la realidad, con un profundo sentido humano.
  • Está dispuesto a caminar y respetar el ritmo de la gente, con mucho sentido de adaptación.
  • Es un agente válido para la promoción humana, y su servicio es gratuito.
  • Su conciencia misionera es tan amplia como el mundo, está abierto a otras culturas y a renovarse constantemente frente  a la novedad y al cambio que las situaciones y la gente exigen.
  • Procede con discreción y humildad, no pretende ser siempre protagonista. Le da a cada uno su propio lugar.
  • Es una persona de  buen corazón, portador de consuelo, reflexivo sobre la realidad a la que va encaminado a trabajar, comunitario, fraternal, capaz de dar el testimonio que el mundo espera. Su vida es coherente con la fe que anuncia y proclama.
  • Descubre con su sensibilidad misionera las necesidades de integrar esta dimensión en todos los aspectos de la vida cristiana y eclesial.
  • Sabe ser también animador misionero de su propia Iglesia de origen, ayudándola a abrirse a la Iglesia universal.
  • Tiene como un sentido y un instinto de “éxodo” y de “itinerancia” al estilo de Abraham y del Pueblo de Dios peregrino
  • Es alegre para servir.

Vivir según el Espíritu



Tú mismo, como creyente y como evangelizador eres obra del Espíritu. Sin su fuerza no se mantendría tu fe; sin su convicción, no serías capaz de manifestarte como creyente, sin miedos, y como colaborador en su tarea.

Si no fuera porque el Espíritu te da valentía, no te atreverías a tomar parte activa en “los duros trabajos del Evangelio”. Tú mismo puedes ser testigo de que en tu propia vida se ha cumplido con frecuencia la promesa de Jesús: “El Espíritu os sugerirá lo que tenéis que decir”. Más allá del trabajo pastoral de cada semana, acostúmbrate a contemplarte a ti mismo como “obra del Espíritu en favor de los demás”.

Un evangelizador sin la vida del Espíritu es una pura contradicción. “Vivir según el Espíritu” es el proyecto de vida para hacer fecunda la tarea evangelizadora.

Lo importante es lo que me mueve


“El Espíritu del Señor está sobre mí… Él me ha ungido y me ha enviado”. Como evangelizador compartes esta misma conciencia de Jesús. El mismo Espíritu que ungió y envió a Jesús te ha ungido también a ti y te ha enviado.

No te quedes ahí, atrévete a responder al envío. Cuando escuchas que el Señor te dice: “ve y dile a mis hermanos…” te ocurre lo que a todos los enviados: tienes miedo; y también se te ocurre pensar: “pero, ¿quién soy yo…?” Y más aún en tu colegio, donde la gente te conoce…, y te agarra por dentro eso que llamamos “el respeto humano”, el “qué dirán”.

Es verdad, muchos van a decir: “pero, ¿quién es éste?”, “¿qué se ha creído?”. También lo dijeron de Jesús sus paisanos, y hasta “se escandalizaron de Él”. Si Jesús hubiera hecho caso al que dirán” no hubiera pasado de ser un buen carpintero de Nazaret.

Feliz el hombre que se deja guiar por el Espíritu de Dios.


Feliz el hombre y la mujer
que se sabe en camino
y sin dar cabida en su corazón a estériles fantasías
se enfrenta cada día con su propia realidad

Feliz el hombre y la mujer
que no se considera desprovisto de dones
y cultivándolos delicadamente
se abre a la llamada del amor, a la llamada de Dios.

Feliz el hombre y la mujer
que se reconoce necesitado y hambriento
de un más allá que supere los límites de su yo posesivo.

Feliz el hombre y la  mujer
que huye de las respuestas prefabricadas,
de los modos y las modas impuestas
y busca, aunque se sienta solo e incomprendido,
la verdad que libera de toda rutina,
de todo aburrimiento,
de todo sin-sentido,
de todo aquello que le invita a desperdiciar su vida.

Feliz el hombre y la mujer
que cultiva las raíces de la fraternidad universal
y acepta que su vida será más bella y fecunda
si comparte sus dones con los más pobres de la tierra.

Estos hombres, estas mujeres
serán luz en la historia de los hombres;
y los miedos, vacíos y desesperanzas serán vencidos
por la fuerza de su entrega,
por la fuerza de su amor.

Instrumentos del Espíritu Santo


No debes, relacionar el misterio del Reino de Dios y la Iglesia, que lo anuncia y lo realiza, con ninguna especie de artes mágicas y ocultas. “Misterio” significa que el origen y la meta de lo que somos y de lo que hacemos en la Iglesia es Dios.

El misterio te abre a la iniciativa de Dios: Él ha enviado a su Hijo, para hacernos a todos hijos suyos y hermanos los unos de los otros. Mediante el Espíritu Santo, Dios hace que pueda ser verdad esta filiación, esta fraternidad también, hoy, para nosotros. Por eso decimos que el Espíritu Santo es el primer evangelizador. Sin su trabajo interior en la vida de la gente, toda nuestra tarea evangelizadora sería inútil.

El Espíritu de Jesús es el que “mueve” y “convierte” los corazones para que crean. Cuando tú llegas a alguien, el Espíritu ya ha llegado antes. En toda nuestra tarea evangelizadora somos instrumentos del Espíritu Santo.

El Señor de la vida guía mis pasos


Enséñame a ir a ese país
que está más allá de las palabras y de los nombres propios…

Necesito que tú me guíes.
Necesito que mi corazón se mueva bajo tu impulso.
Necesito que mi vida se purifique en tu presencia.
Necesito que fortalezcas mi voluntad.
Necesito que tú llenes mi vida.

Te necesito
para todos aquellos que sufren,

Te necesito
para los encarcelados,

Te necesito
para los hambrientos,

Te necesito
para quienes están en peligro,

Te necesito
para los cansados,

Te necesito
para los que no conocen la gracia de tu salvación.

Porque sin ti nada puedo.
Porque sin ti nada soy.
Y el mundo,
Tú lo has dicho,
necesita mi entrega,
necesita mi amor,
me necesita a mi.

Cuento contigo, Señor.

viernes, 6 de octubre de 2017

Vivir el 27 domingo de TO, Ciclo A

MATEO 21, 33-43
- Escuchad otra parábola:
Había una vez un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la torre del guarda (Is 5,1-7), la arrendó a unos labradores y se marchó al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus siervos para percibir de los labradores los frutos que le correspondían. Los labradores agarraron a los siervos, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió entonces otros siervos, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les envió á su hijo, diciéndose: "A mi hijo lo respetarán". Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: - Éste es el heredero: venga, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Lo agarraron, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. - Vamos a ver, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: - Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará su viña a otros que le entreguen los frutos a su tiempo. Jesús les dijo: - ¿Nunca habéis leído en la Escritura? La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho: ¡Qué maravilla para los que lo vemos! (Sal 118,22-23).  Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos.

CRISIS RELIGIOSA

La parábola de los «viñadores homicidas» es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo su cariño. Era su «viña preferida». Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Sería una «gran luz» para todos los pueblos.
Sin embargo, aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envió a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: «Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le entregará a un pueblo que produzca frutos».
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como el «nuevo Israel» después del pueblo judío, que, con la destrucción de Jerusalén el año 70, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿estamos produciendo en nuestros tiempos «los frutos» que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia los que sufren, perdón...?
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de «crisis religiosa», «descristianización», «abandono de la práctica religiosa»... ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia menos poderosa, pero más evangélica; menos numerosa, pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios que nosotros?
José Antonio Pagola