lunes, 30 de marzo de 2015

Imágenes para Semana Santa

Tarjetas Triduo Pascual
Dibujos cruz-pascua
Cruces
Imágenes de cruces
Imágenes del rostro de Jesús
Imágenes de Resurrección
Para trabajar con niños
Sembrar Amor

Jesús no deja de sorprendernos


-Decididamente Jesús no deja de sorprendernos. Cuesta a veces entender algunos de sus gestos. Sobre todo cuando hoy estos gestos no quieren decir exactamente lo mismo. Parece un enigma. De hecho, para descubrir su sentido, basta decir que Jesús no obra sino por amor.
¡Y así no le falla nunca! Mírale, se pone de rodillas, Él, el Señor. Quiere hacerse pequeño y servir, hacer un gesto de acogida lleno de humildad. Te imaginas cómo al caminar, en tiempos de Jesús, en seguida se manchaban los pies de polvo y sudor. Se comprende, pues, cuánto se agradecía un poco de agua en los pies al llegar.
Era un gesto de limpieza, pero también de acogida y delicadeza. Mira de nuevo a Jesús nos muestra una forma concreta de ponerse al servicio de los hermanos. 

Te veo, Jesús, realizar 
gestos de ternura y de servicio.
Te contemplo y aprendo 
a servir a Dios 
y a servir a los hombres.

Te escucho, Jesús:
te vuelves al Padre, 
después bendices el pan y el vino 
y lo compartes con los hombres.

Te escucho y deseo 
convertirme yo también 
en pan y vino para  los demás.

Tengo hambre, Jesús, 
de conocerte mejor, 
de rezar mejor, 
de unirme más a ti.

Oraciones para Semana Santa

Hoy Dios te convoca
Oración de confianza
Descubrirte en todo
Jesús te pide todo
No llores si me amas
Partir el pan
Por la paz del mundo
Reconoce y perdona-te
Te entrego, Señor…
Todos somos peregrinos
Laudes Triduo
Laudes Semana Santa
Ejercicios Espirituales (.doc)
En mi desierto

Recursos para Jueves Santo

El lavatorio de pies
Ruega por sus discípulos
Siete Palabras
Esquema celebrativo Jueves Santo
Dinámica contemplativa Jueves Santo
El triunfo del Amor
Amar, morir, resucitar
Uno de vosotros me entregará
Recursos Jueves Santo para niños y jóvenes
Los amó hasta el extremo (Video)
La gente de Jueves Santo
La liturgia el Jueves Santo
¿Qué celebramos el Jueves Santo?
Video-Reflexión para Jueves Santo
Reflexión Jueves Santo
Cenar con los amigos
¿Qué es Getsemaní?
Oración ante el monumento
Jesús no deja de sorprendernos
Cuánto deseo cenar con vosotros
¿Lavarme tú a mi los pies?
Cada vez que coméis de este pan

Recursos para Pascua

Retiro de preparación para la Pascua
Para meditar y orar "Vasija nueva"
Cruz que libera
Las diez mejores razones
Pascua, vida nueva
Es el tiempo del Espíritu
Dispuestos a ser enviados
Esta es la noche
Es el tiempo del Espíritu
No tengáis miedo
Oración de Pascua
Ejercicios espirituales para Pascua

Recursos para Viernes Santo

Adoración de la Cruz (Video)
Tú Jesús, has dado la vida por mi (MP3) 
Via Crucis “Camino de la Cruz” (Video)
Via Crucis de la JMJ
Via Crucis – Lucas
Via Crucis para niños
Via Crucis virtual
Via Crucis “Marcha del Silencio”
Via Crucis (Power Point)
Vía Crucis con jóvenes
Vía Crucis Virtual
Via Crucis con la Virgen María
La Cruz, leño del dolor y árbol de la esperanza
Esquema celebrativo Viernes Santo
Prendimiento de Jesús
El juicio ante Pilatos
La muerte de Jesús (Ficha)
Su Cruz y mi cruz
Dentro de tus llagas, escóndeme
Acompañemos a Jesús en su Via Crucis
Estaciones del Via Crucis para colorear
La vida que duele
Sufrimiento
Pasión y muerte de Jesucristo
Oración ante la Cruz
Habla el silencio
Desde la Cruz Dios nos da lo más grande
Oración ante la Cruz
Jesús, camino hacia Dios
Con su sangre nos salva
Tiene sueño, frío, le han dado golpes

Habla el Silencio


Habla el silencio y cesan las melodías. Y no porque estemos de luto sino porque necesitamos un espacio para la reflexión y la contemplación del drama de Cristo: ha muerto por nosotros en una cruz. 
Como Judas, miramos desde lejos al Señor. ¡Te he vendido, mi Señor ¡ Sin darme cuenta o siendo consciente de ello te empujé a subir a la cruz con mi cobardía o mi afán de oportunidades. 
Sí, mi Señor. Somos como ese apóstol que, teniendo a Dios delante de sus ojos, pudo más su apego al ruido del dinero, su servicio al poder que su fidelidad al que tanto había compartido contigo. Déjanos, Señor, ver tu cruz por lo menos  desde lejos. También nosotros, en estas horas de generosidad y de entrega, sentimos que te olvidamos frecuentemente. Que el precio por el que te cambiamos es a veces  mucho menor que aquel por el cual te traicionó el apóstol ingrato.
Como Pedro, necesitamos querer tu cruz. Porque, como Pedro, también constantemente te negamos. Porque no queremos ver la cruz en el horizonte de nuestra vida. Porque, incluso como Pedro  en el Tabor, quisiéramos una vida sin lucha, sin sufrimiento. Un Dios que se desentendiera de los padecimientos de la humanidad.
Hoy, Señor, al contemplar tu cruz en este Viernes Santo….vemos que no hay tres negaciones escritas en sus dos maderos. Que, en ellos,  se encuentran cinceladas y  a millones las contradicciones de nuestra vida cristiana, nuestra tibieza a la hora de dar nuestra cara por ti, nuestro arrojo con las cosas del mundo y nuestra timidez para con las cosas de tu Reino. ¿Nos dejas contemplar como Pedro, desde lejos Señor, tu Santa Cruz?
Como Juan, permítenos estar debajo de tu cruz. Porque, también como Juan, necesitamos recostar nuestra cabeza ya no en tu pecho sino sentir la sangre que baja con fuerza por su madero. Como Juan, oh Jesús, también pretendemos el cielo (un puesto a tu derecha o a tu izquierda) sin mayor esfuerzo que una petición como contraprestación a nuestra amistad contigo. 
Sí, Señor. Déjanos como Juan, tu preferido, recibir al pie de la cruz –además del regalo que nos aguarda en la mañana de Pascua- a esa Madre que nos invita a estar firmes y en guardia hasta el día en que tú, de nuevo regreses para llevarnos contigo, para darnos nueva vida, para resucitarnos a una vida gloriosa y resucitada.
Como a María, admítenos por lo menos unos minutos para ser testigos de tanta pasión y de tanto desgarro. Porque, como María, también quisiéramos ser centinelas de tu amor que, en la cruz, lejos de morir se convertirá en semilla de eternidad para todos nosotros. Déjanos, oh Cristo, al pie de la cruz formar parte de la incipiente Iglesia, ser hijos de María y recibirla como Madre que permanece fiel, silenciosa fuerte y solidaria para acompañarnos en las noches oscuras del alma.
Javier Leóz

María acompaña el dolor del mundo

"Jesús yace en su tumba y los apóstoles creen que todo se acabó. Todo el día del sábado su cuerpo descansa en el sepulcro Pero su madre, María, se acuerda de lo que dijo su hijo : "Al tercer día resucitaré". Los Apóstoles van llegando a su lado, y Ella les consuela. "

"El Sábado santo es un día de luto inmenso, de silencio y de espera vigilante de la Resurrección. La Iglesia en particular recuerda el dolor, la valentía y la esperanza de la Virgen María. "

Ella representa la angustia de una Madre que tiene entre sus brazos a su Hijo muerto, pero no se puede olvidar en este momento ella es la única que conserva en su corazón las palabras del anciano Simeón, que si bien él profetizó que Cristo sería signo de contradicción y una espada le traspasaría el alma, también indicó que Jesús sería signo de resurrección.

Lo que los discípulos habían olvidado, María lo conservaba en el corazón: la profecía de la resurrección al tercer día. Y María esperó hasta el tercer día.

Con su sangre nos salva


La vida que duele

Cuantas veces, Señor, oímos que te haces  fuerte en nuestra pobreza, en nuestra debilidad, en nuestros fracasos, en nuestros miedos, en nuestras humillaciones, en nuestras soledades, en nuestras dudas… Tu viviste ese miedo, ese fracaso, ese dolor, ese sufrimiento, esa soledad… bueno mejor, los sufriste… Sé  que tengo que tener esperanza, pero  a veces señor la vida me puede, y me encuentro débil, pobre, fracasado, humillado, sólo… y encima sin ti. Tal vez la Semana Santa es un tiempo en el que nos toca descalzarnos y hacer silencio ante el misterio del dolor, pero, a tu manera, sin rendirnos. La vida que duele.pdf

¡Cuánto deseo cenar con vosotros!

La última Cena. Por la mañana del Jueves, Pedro y Juan se adelantan para preparar la cena en Jerusalén. A la tarde llegaron al Cenáculo. Allí Jesús lavó los pies uno a uno. Luego, sentados a la mesa celebra la primera Misa: les da a comer su Cuerpo y su Sangre y les ordena sacerdotes a los Apóstoles para que, en adelante, ellos celebren la Misa. Judas salió del Cenáculo antes, para entregarle. Jesús se despidió de su Madre y se fue al huerto de los Olivos. Allí sudó sangre, viendo lo que le esperaba. Los discípulos se durmieron. Llegó Judas con todos los de la sinagoga y le da un beso. Entonces, le cogieron preso y todos los Apóstoles huyeron. Lo llevan al Palacio de Caifás, el Sumo Sacerdote. Le interrogan durante toda la noche: no duerme nada.

Una vela por los perseguidos


El perdón. (Impresionante Video)

El centro penitenciario de Nanclares de Oca ha comenzado a acoger encuentros discretos y muy emotivos entre etarras arrepentidos y familiares de víctimas del terrorismo. Dos de los protagonistas relatan su experiencia en este reportaje. 

viernes, 27 de marzo de 2015

Vivir el domingo de Ramos, ciclo B

MARCOS 15, 1-39
"Tu cruz nos lleva al cielo"

Por la mañana los sumos sacerdotes, con los senadores, los letrados y el Consejo en pleno, prepararon su plan y, en seguida, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato lo interrogó: -¿Tú eres el rey de los judíos? Él le contestó: -Tú lo estás diciendo. Los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato reanudó el interrogatorio: -¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan. Pero Jesús no respondió nada, por lo que Pilato estaba sorprendido. Cada fiesta solía soltarles un preso, el que ellos solicitaran. El llamado Barrabás estaba en la cárcel con los sediciosos que en la sedición habían cometido un asesinato. Subió la multitud y empezó a pedir que hiciera lo que solía. Pilato les contestó: -¿Queréis que os suelte al rey de los judíos? Porque sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir que les soltara mejor a Barrabás. Intervino de nuevo Pilato y les preguntó: -Entonces, ¿qué queréis que haga con ese que llamáis «el rey de los judíos»?  Ellos esta vez gritaron: -¡Crucifícalo! Pilato les preguntó: -Pero, ¿qué ha hecho de malo? Ellos gritaron más y más: -¡Crucifícalo! Pilato, queriendo dar satisfacción a la multitud, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de hacerlo azotar, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados lo condujeron al interior del palacio, es decir, a la residencia del gobernador, y convocaron a toda la cohorte. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espino que habían trenzado  y empezaron a hacerle el saludo: -¡Salud, rey de los judíos! Le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, arrodillándose, le rendían homenaje. Cuando terminaron la burla, le quitaron la púrpura, le pusieron su propia ropa y lo sacaron para crucificarlo. A uno que pasaba, a un tal Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, que llegaba del campo, lo forzaron a cargar con su cruz. Lo llevaron al «lugar del Gólgota» (que significa «Lugar de la Calavera») y le ofrecieron vino con mirra, pero él no lo tomó. Lo crucificaron y se repartieron su ropa, echándola a suertes para ver lo que se llevaba cada uno (Sal 22,29). Era media mañana cuando lo crucificaron. El letrero con la causa de su condena llevaba esta inscripción: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Los transeúntes lo insultaban y decían, burlándose de él: -¡Vaya! ¡El que derriba el santuario y lo edifica en tres días! ¡Baja de la cruz y sálvate! De modo parecido los sumos sacerdotes, bromeando entre ellos en compañía de los letrados, decían: -Ha salvado a otros y él no se puede salvar. ¡El Mesías, el rey de Israel! ¡Que baje ahora de la cruz para que lo veamos y creamos! También los que estaban crucificados con él lo ultrajaban. Al llegar el mediodía la tierra entera quedó en tinieblas hasta media tarde. A media tarde clamó Jesús dando una gran voz: -¡Eloi, Eloi, lema sabaktani! (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) (Sal 22,2). Algunos de los allí presentes, al oírlo, dijeron: -Mira, está llamando a Elías. Uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le ofreció de beber (Sal 69,22), mientras decía: -Vamos a ver si viene Elías a descolgarlo. Pero Jesús, lanzando una gran voz, expiró, y la cortina del santuario se rasgó en dos de arriba abajo. El centurión que estaba allí presente frente a él, al ver que había expirado de aquel modo, dijo: -Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. Había también unas mujeres observando aquello de lejos, entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el Pequeño y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían prestándole servicio; y además otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

EL GESTO SUPREMO

Jesús contó con la posibilidad de un final violento. No era un ingenuo. Sabía a qué se exponía si seguía insistiendo en el proyecto del reino de Dios. Era imposible buscar con tanta radicalidad una vida digna para los «pobres» y los «pecadores», sin provocar la reacción de aquellos a los que no interesaba cambio alguno.
Ciertamente, Jesús no es un suicida. No busca la crucifixión. Nunca quiso el sufrimiento ni para los demás ni para él. Toda su vida se había dedicado a combatirlo allí donde lo encontraba: en la enfermedad, en las injusticias, en el pecado o en la desesperanza. Por eso no corre ahora tras la muerte, pero tampoco se echa atrás.
Seguirá acogiendo a pecadores y excluidos aunque su actuación irrite en el templo. Si terminan condenándolo, morirá también él como un delincuente y excluido, pero su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no excluye a nadie de su perdón.
Seguirá anunciando el amor de Dios a los últimos, identificándose con los más pobres y despreciados del imperio, por mucho que moleste en los ambientes cercanos al gobernador romano. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá también él como un despreciable esclavo, pero su muerte sellará para siempre su fidelidad al Dios defensor de las víctimas.
Lleno del amor de Dios, seguirá ofreciendo «salvación» a quienes sufren el mal y la enfermedad: dará «acogida» a quienes son excluidos por la sociedad y la religión; regalará el «perdón» gratuito de Dios a pecadores y gentes perdidas, incapaces de volver a su amistad. Esta actitud salvadora que inspira su vida entera, inspirará también su muerte.
Por eso a los cristianos nos atrae tanto la cruz. Besamos el rostro del Crucificado, levantamos los ojos hacia él, escuchamos sus últimas palabras... porque en su crucifixión vemos el servicio último de Jesús al proyecto del Padre, y el gesto supremo de Dios entregando a su Hijo por amor a la humanidad entera.
Es indigno convertir la semana santa en folclore o reclamo turístico. Para los seguidores de Jesús celebrar la pasión y muerte del Señor es agradecimiento emocionado, adoración gozosa al amor «increíble» de Dios y llamada a vivir como Jesús solidarizándonos con los crucificados.
José Antonio Pagola