viernes, 3 de julio de 2015

Vivir el domingo 14º del Tiempo Ordinario, ciclo B

Marcos 6,1-6
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

No despreciar al profeta

     El relato no deja de ser sorprendente. Jesús fue rechazado precisamente en su propio pueblo, entre aquellos que creían conocerlo mejor que nadie. Llega a Nazaret, acompañado de sus discípulos, y nadie sale a su encuentro, como sucede a veces en otros lugares. Tampoco le presentan a los enfermos de la aldea para que los cure.
     Su presencia solo despierta en ellos asombro. No saben quién le ha podido enseñar un mensaje tan lleno de sabiduría. Tampoco se explican de dónde proviene la fuerza curadora de sus manos. Lo único que saben es que Jesús un trabajador nacido en una familia de su aldea- Todo lo demás «les resulta escandaloso».
     Jesús se siente «despreciado»: los suyos no le aceptan como portador del mensaje y de la salvación de Dios. Se han hecho una idea de su vecino Jesús y se resisten a abrirse al misterio que se encierra en su persona. Jesús les recuerda un refrán que, probablemente, conocen todos: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
     Al mismo tiempo, Jesús «se extraña de su falta de fe». Es la primera vez que experimenta un rechazo colectivo, no de los dirigentes religiosos, sino de todo su pueblo. No se esperaba esto de los suyos. Su incredulidad llega incluso a bloquear su capacidad de curar: «no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos».
     Marcos no narra este episodio para satisfacer la curiosidad de sus lectores, sino para advertir a las comunidades cristianas que Jesús puede ser rechazado precisamente por quienes creen conocerlo mejor: los que se encierran en sus ideas preconcebidas sin abrirse ni a la novedad de su mensaje ni al misterio de su persona.
     ¿Cómo estamos acogiendo a Jesús los que nos creemos «suyos»? En medio de un mundo que se ha hecho adulto, ¿no es nuestra fe demasiado infantil y superficial? ¿no vivimos demasiado indiferentes a la novedad revolucionaria de su mensaje? ¿no es extraña nuestra falta de fe en su fuerza transformadora? ¿no tenemos el riesgo de apagar su Espíritu y despreciar su Profecía?
     Ésta la preocupación de Pablo de Tarso: «No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de Profecía. Revisadlo todo y quedaos sólo con lo bueno» (1 Tesalonicenses 5, 19-21). ¿No necesitamos algo de esto los cristianos de nuestros días?

José Antonio Pagola

jueves, 2 de julio de 2015

Compartiendo vida... No dejes de patinar!!

Es fácil patinar a pesar de que nos empeñemos en que todo nos salga perfecto.
Solo patina el que sale a caminar, el que se esfuerza por algo o emprende algún proyecto. 
Los que no hacen nada nunca patinarán porque no se expondrán a la probabilidad del error.
Por eso... prefiero a la gente que patina, la que se confunde, la que da un resbalón, la que mete la pata... porque esa gente ¡Está viva!
El que patina y cae siempre tiene opción de levantarse, de rectificar o intentar de nuevo alcanzar una meta... el que no patina posiblemente esté anclado en la inactividad o pasividad de los "brazos cruzados".
Dios siempre nos ofrece una nueva oportunidad, por eso, aunque resbales mil y una veces... levántate dos mil y dos veces. 
Muchos desean que lo hagas y están ahí cerca de ti por si acaso dieses un patinazo para poder ayudarte y caminar junto a ti.

Encar_AM
reflejosdeluz@yahoo.es

Dedicado a los profesores


Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.

Sin embargo, en cada vuelo,
en cada vida, en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino que enseñaste.

(Madre Teresa de Calcuta) 

Oramos todos juntos

Oramos todos juntos:
Al inicio de nuestro camino: Buscamos la verdad,
Buscamos amor, sólo amor.
Ni cuerpo maquillado, ni caretas de cartón.
Ni sueños sin sentido, ni sueños de evasión.
Ni fuerza, ni poder, ni dominio, ni opresión.
Ni esclavos, ni señores, ni droga, ni violencia.
Ni mentira, ni egoísmo, Ni dinero, ni prestigio.
Danos Señor el coraje para caminar, con pie seguro,
hasta la tumba de tu apóstol Santiago,
con la confianza de que este itinerario,
abrirá caminos nuevos en nuestras vidas.

Ojos que no quieren ver


Cuentan que un hombre se perdió en el desierto.

Y mas tarde, refiriendo de su experiencia a sus amigos, les contó cómo, absolutamente desesperado, se había puesto de rodillas y había implorado la ayuda de Dios.

“¿Y respondió Dios a tus plegarias?”, le preguntaron.

“Oh, no. Antes de que El pudiera hacerlo apareció un explorador y me indicó el camino”.

Cuento de Anthony de Mello

Amaos como yo os he amado

Amaos como yo os he amado

sábado, 27 de junio de 2015

Video Reflejos de Luz

Video realizado en el Colegio Ntra. Sra. de la Consolación de Valladolid sobre el lema "Reflejos de Luz en el mundo"

viernes, 26 de junio de 2015

Vivir el domingo 13º del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Marcos 5,21-43:
En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda, su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que, había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio le la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿quién me ha tocado?"» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.  Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»  Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).» La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

HERIDAS SECRETAS

No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. No se atreve a hablar con él como Jairo, el jefe de la sinagoga, que ha conseguido que Jesús se dirija hacia su casa. Ella no podrá tener nunca esa suerte.
Nadie sabe que es una mujer marcada por una enfermedad secreta. Los maestros de la Ley le han enseñado a mirarse como una mujer «impura», mientras tenga pérdidas de sangre. Se pasado muchos años buscando un curador, pero nadie ha logrado sanarla. ¿Dónde podrá encontrar la salud que necesita para vivir con dignidad?
Muchas personas viven entre nosotros experiencias parecidas. Humilladas por heridas secretas que nadie conoce, sin fuerzas para confiar a alguien su «enfermedad», buscan ayuda, paz y consuelo sin saber dónde encontrarlos. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.
Personas buenas que se sienten indignas de  acercarse a recibir a Cristo en la comunión; cristianos piadosos que han vivido sufriendo de manera insana porque se les enseñó a ver como sucio, humillante y pecaminoso todo lo relacionado con el sexo; creyentes que, al final de su vida, no saben cómo romper la cadena de confesiones y comuniones supuestamente sacrílegas... ¿No podrán conocer nunca la paz?
Según el relato, la mujer enferma «oye hablar de Jesús» e intuye que está ante alguien que puede arrancar la «impureza»  de su cuerpo y de su vida entera. Jesús no habla de dignidad o indignidad. Su mensaje habla de amor. Su persona irradia fuerza curadora.
La mujer busca su propio camino para encontrarse con Jesús. No se siente con fuerzas para mirarle a los ojos: se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. No importa. No importa nada. Para sentirse limpia basta esa confianza grande en Jesús.
Lo dice él mismo. Esta mujer no se ha de avergonzar ante nadie. Lo que ha hecho no es malo. Es un gesto de fe. Jesús tiene sus caminos para curar heridas secretas, y decir a quienes lo buscan: «Hija, hijo, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».
Con frecuencia, las mujeres son también hoy las que con su fe en Jesús y su aliento evangélico sostienen la vida de nuestras comunidades cristianas."

José Antonio Pagola

jueves, 25 de junio de 2015

Compartiendo vida... Demos un paseo

Demos un paseo, contemplemos la naturaleza, la gente, la ciudad en movimiento...
Necesito que el aire acaricie mi rostro y el sol ilumine mi expresión para poder decir al mundo que estoy feliz de ser quien soy, de hacer lo que hago y de vivir lo que vivo.
Demos un paseo y compartamos aquello que vivimos, aquello que nos preocupa y aquello que nos interroga.
Demos un paseo y miremos desde la ventana el reloj de la vida que no entiende de tiempos y sí de emociones resaltadas a la luz del espacio.
Lo importante no es caminar deprisa ni despacio... lo importante es caminar y levantarse por la mañana con la ilusión de salir a recibir esa luz que Dios nos manda cada día para poder mirar con ojos serenos y con expresión verdadera a aquellos con quienes nos encontremos.
Demos un paseo e invitemos a pasear a aquellos que queremos porque, con seguridad, será un momento en el que el espacio y el tiempo se detendrán para saborear el placer de la amistad y cariño.
Demos un paseo y ¡Vivamos!

Encar_AM


Es bueno darte gracias de corazón (Oración)


Señor, es bueno darte gracias de corazón
y cantarte con gozo cada día.
Es bueno proclamar por la mañana tu lealtad
y por la noche decirte de verdad que me has querido.

Señor, es bueno decir que tus acciones
son mi alegría y mi esperanza.
Es bueno decirte que las obras de tus manos
son felicidad y fiesta para mí.
Qué grandes son tus obras, Señor.
Qué profundos son tus designios.

Qué grandes son tus proyectos para nosotros.
Qué grandes son tus deseos para el que te busca.
Es bello, Señor, siendo Tú el centro de mi vida.
Es bello, Señor, saber que Tú eres el Señor de mi vida.

Muchos no te conocen  y me da pena
que pongan su vida en cosas que se acaban.
Muchos no saben que Tú eres Padre
y que nos quieres a todos con ternura.
Tú eres grande para siempre.

Tu amor me inunda y me hace feliz.
El hombre honrado florecerá como una palmera
se abrirá como un trigal fecundo,
siempre tendrá el fruto a mano
y su vida ante Ti, Señor, será preciosa.

Señor, es bueno darte gracias,
y cantarte de gozo cada día.
Es bueno abrir el corazón de par en par
y dejar que tu luz inunde de tu paz toda la vida”.
Amén!

Antonio López Baeza

La felicidad no está en la otra orilla (Reflexión)

¿Por qué miras siempre hacia el otro lado?
¿Por qué piensas siempre que los otros, Amigos, conocidos y vecinos son más dichosos?, y dices con ligereza:
"A los otros les va mucho mejor, y yo doy
lo mejor de mi y no llego a nada".

La otra orilla siempre es más bella.
Yace muy lejos.
Como petrificado, miras fijamente
hacia la bella claridad.
Jamás tuviste en cuenta que también los de la otra orilla te observan y piensan que posees mucha más felicidad, pues ellos sólo ven tu parte agradable.

Tus pequeñas y grandes preocupaciones no las conocen.
Vivir feliz es un arte, para ello conviene sentirse satisfecho...

"La felicidad no está en la otra orilla,  está en ti".

Equipaje del peregrino

LOS MAPAS… Son el resultado de la experiencia de otros que patearon de mil modos estas tierras. Tengo que reconocer que por mucho que me empeñe, yo no voy a inventarme nada y que la experiencia de guías me resulta imprescindible.

LA CANTIMPLORA…Recuerdas aquellas citas de la Biblia…”Como busca la cierva corrientes de agua…” o “aquella samaritana que bebe en pozos que no sacian su sed interior…”. La cantimplora me recuerda que siempre tengo sed, y que la fuente del corazón, ahí donde habita el buen Dios, a menudo se me enturbia o hasta la dejo secar.

LA ROPA DEL PEREGRINO…La capa de agua, el protector solar y la gorra…me recuerdan que el peregrino lo es siempre sean cuales sena las condiciones climatológicas. El peregrino no se sienta a esperar que haga el tiempo ideal para echarse al hombro la mochila. A veces habrá que ponerse encima la capa de la paciencia para aguantar los chaparrones que nos trae la vida. Y darse cuenta de que el sol aprieta, desgasta, hace sudar y se camina más despacio. Una visera para que el son no nos venza, no nos ciegue, es siempre la misericordia conmigo mismo y con los otros.

EL RESTO DE LA ROPA…Me tiene que llevar a reflexionar que el uniforme de mi camino ha de ser la verdad, la justicia, la fe, sandalias ágiles para el anuncio, la salvación, la palabra de Dios (menos mal que esta va siempre en la mochila de mi corazón…).

LA COMIDA…imprescindible para caminar, para vivir. Me estoy dando cuenta de que si “andando se me abre el apetito”…ser discípulo me debería recordar que necesito hacer la voluntad del Padre, que era el alimento de Jesús, y que era el pan de cada día, que él dejó a sus discípulos peregrinos, debería ir siendo eso, el de cada día.

MOCHILA AL HOMBRO…¡Cuantas cosas llevo en mi mochila!, pero me he dejado otras muchas cosas que no echo de menos en absoluto…Ahora que se van sumando los Kilómetros, los hombros y las piernas empiezan a quejarse y a protestar…El camino me va haciendo descubrir que sólo se camina bien cuando “voy ligero de equipaje”. Ahora empiezo a entender un poco mejor aquella recomendación que Jesús hacía a sus discípulos: “Les encargó que no llevaran más que un bastón, ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, que calzasen sandalias pero que no llevasen dos túnicas” (Mc 6, 7-9).

Fortaleza mía


La fortaleza que tenemos en nuestros momentos de debilidad, cuando el mundo se nos viene encima, cuando ya estamos cansados de vivir la vida, cuando creemos que estamos perdidos, cuando perdemos a alguien a quien tanto amamos y nos sentimos solos, cuando las cosas no salen como queriamos... esa fortaleza que nos da aliento a seguir adelante en la vida viene propiamente de Dios, quien nos ampara en nuestros momentos más difíciles.

Cuando pedimos a Él fortaleza nos contesta de diferentes maneras, a veces de las más extrañas, el secreto es pedir con amor y teniendo la fe y la certeza de que las cosas pasan por una causa ya planeada por nuestro Dios. Teniendo la fe de que Dios nos da las cosas en "Su tiempo" y no en el que nosotros las queremos, que nos da dolor para aprender y sentir más amor por las personas y los detalles de la vida, que cuando perdemos a alguien es un ciclo de vida y que no es una pérdida eterna sino temporal.

Creer en Dios es a veces cerrar tus ojos y sentir Su presencia en tu vida, sentir Su aliento para que cuando estes cansado(a) puedas seguir por el sendero que Dios nos ha planeado, es sentir Sus manos apoyadas en tu cabeza diciéndote que todo va a estar bien cuando nos sentimos perdidos, es creer que cuando nos sentimos solos y desconsolados Él nos abraza, que cuando las cosas no salen como queríamos no es por que Dios sea malo, o porque no nos quiera, sino porque muchas veces lo que pedimos no nos conviene y Dios nunca nos  daría algo que eventualmente nos lastimara, o nos hiciera perdernos en esta vida.

La fortaleza de Dios es como andar en un hermoso corcel, y nosotros somos los jinetes, cuando estamos cansados nuestro corcel nos levanta y nos lleva en su lomo. Dios es nuestro escudo en nuestras batallas, es quien nos protege de todo mal, es nuestra espada con la cual debemos pelear la batalla diaria que nos lleve más a Su presencia, alejándonos de las cosas vanas y materiales.

Recuerda que cuando crees que eres débil, entonces eres más fuerte porque en nuestra debilidad se manifiesta la grandeza de Dios.

domingo, 21 de junio de 2015

Adquirir compromisos


Son muchos los que, hoy en día, tienen miedo a adquirir compromisos que duren mucho tiempo. Quizá, por eso, cuesta dar el paso del matrimonio para toda la vida, e incluso más, responder cuando es Dios mismo quien llama a entregar toda una vida, por entero y para siempre, al anuncio del Reino desde la vida consagrada o sacerdotal.

El compromiso serio cuesta. A nadie le molesta ser radical sólo un día. Pero, cuando se trata de más tiempo, nos lo pensamos dos veces.

Tal vez, tú mismo tendrás la experiencia de haber descubierto algo que Dios te pedía y haber pensado por dentro: «¿Aguantaré así toda mi vida?». Aparece, entonces, el «agobio» y se opta por seguir viviendo como siempre.

A todos nos gustaría ser ejemplo de solidaridad, de entrega, de amor. Pero nos cuesta darnos por entero. Nos gustaría exigirnos algo más. Y, sin embargo, nos resulta difícil dar el paso, lanzarnos, «salir de nuestra tierra».

La tentación de la mediocridad, de eludir compromisos que conlleven sacrificios demasiado grandes, sigue siendo algo atrayente. Sin embargo, Jesús nos pide que nos entreguemos por entero a él, que no le andemos regateando. Y, paciente, sigue esperando nuestra respuesta.

Hazme digno de servir a mis hermanos


Señor,
Cuando tenga hambre,
dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed,
mándame alguien que necesite una bebida;
Cuando tenga frío,
mándame alguien que necesite calor;
Cuando tenga un disgusto,
 preséntame alguien que necesite consuelo;
Cuando mi cruz se haga pesada,
hace que comparta la cruz de otro;
Cuando esté pobre,
ponme cerca de alguien necesitado;
Cuando me falte tiempo,
dame alguien que necesite unos minutos míos;
Cuando sufra una humillación,
dame la ocasión de alabar a alguien;
Cuando esté desanimado,
mándame alguien a quien tenga que dar ánimo;
Cuando sienta necesidad de la comprensión de los demás,
mándame alguien que necesite la mía;
Cuando sienta necesidad de que me cuiden,
mándame alguien a quien tenga que cuidar;
Cuando piense en mí mismo,
atrae mi atención hacia otra persona.

Hazme digno, Señor,
de servir a mis hermanos,
que viven y mueren pobres y hambrientos
en este mundo de hoy.
Dales, a través de mis manos,
el pan de cada día; y dales paz y alegría,
gracias a mi amor comprensivo.

Madre Teresa de Calcuta

El valor de la vida espiritual

A un maestro en oración le preguntaron por qué se necesitaba orar. 
El maestro respondió: para poder apreciar las cosas que sólo se ven con los ojos del corazón. Las estrellas no se ven durante el día, pero eso no significa que no existan.
En la leche hay mantequilla, pero ¿cómo adivinarlo sólo con verla?
Para obtener mantequilla hay que batir la leche en un lugar fresco. Así, para llegar a la visión de Dios, hay que practicar las disciplinas mentales; para poder verle no basta con desearlo. A Dios sólo se llega cuando le preparamos el camino para que Él se manifieste.
La realidad transparenta al Señor pero hay que estar despiertos y preparados para contemplar su presencia.

(Inspirado en E. Pilkington)

Un nuevo maestro

Un joven que buscaba un Maestro capaz de encauzarle por el camino de la santidad llegó a un <<ashram» presidido por un guru que, a pesar de gozar de una gran fama de santidad, era un farsante. Pero el otro no lo sabía.
- <<Antes de aceptarte como discípulo», le dijo el guru, <debo probar tu obediencia. Por este “ashram” fluye un río plagado de cocodrilos. Deseo que lo cruces a nado».
La fe del joven discípulo era tan grande que hizo exactamente lo que se le pedía: se dirigió al río y se introdujo en él gritando:
- <<iAlabado sea el poder de mi guru!>>
Y, ante el asombro de éste, el joven cruzó a nado hasta la otra orilla y regresó del mismo modo, sin sufrir el más mínimo daño.
Aquello convenció al guru de que era aún más santo de lo que había imaginado, de modo que decidió hacer a todos sus discípulos una demostración de su poder que acrecentara su fama de santidad. Se metió en el río gritando: «iAlabado sea yo! ¡Alabado sea yo!», y al instante llegaron los cocodrilos y lo devoraron.

Ahora