sábado, 25 de junio de 2016

Compartiendo vida... Lo veo en tu mirada

En tu mirada veo lo que sientes, piensas, vives...
En tu mirada se transparenta aquello que se mueve en tu interior.
Aunque quieras disimular de cara al exterior tus ojos te delatarán ante aquellos que te conocen porque tu mirada es clara y reveladora.
Tu grandeza se manifiesta en esa mirada, tanto en la caída de tus ojos cuando estás triste como en su apertura cuando estás sorprendido o contento.
Dicen que cuando miramos a alguien directamente a los ojos es porque somos transparentes y no tenemos nada que ocultar a la persona con la que hablamos.
Dicen que la mirada es el espejo del alma.
Dicen que una mirada transmite más que mil palabras.
Dicen que los ojos vivos y despiertos son propios de aquellos que viven y luchan por hacer realidad sus ilusiones.
Dicen que los ojos caídos manifiestan remordimiento, temor y tristeza.
Y yo digo que Dios puso en nosotros la posibilidad de mirar y ser mirados, de amar y ser amados, de perdonar y ser perdonados y... en la claridad de nuestros ojos, los ojos del corazón, se transparenta aquello que somos y que damos.

Encar_AM
www.reflejosdeluz.net

Hay veces que se olvida que...


Nos enseñaron a aplaudir aunque algo no nos gustara.
Nos enseñaron a tenerle miedo a la oscuridad y a creer que el sol era mejor que la lluvia.
Nos enseñaron a decir "lo siento" cuando hubiera un muerto delante nuestro.
Nos enseñaron a caminar cuando apenas podíamos sentarnos, nos dijeron que teníamos que correr cuando estuviésemos apurados.
Nos enseñaron a crecer a los golpes, nos dijeron que debíamos levantarnos si llegábamos a caer.
Nos enseñaron a vestirnos bien, a peinarnos bien.
Nos enseñaron a hacer silencio cuando hablara otra persona.
Nos enseñaron que el día que lloviera, debíamos taparnos para no mojarnos.
Nos enseñaron que para gritar había que tener motivos, y no nos dieron razones cuando preguntamos por qué cortaron el grito de algún mortal.
Nos dijeron que los hombres no lloraban, que no debían mostrar sus debilidades, que tenían que ser fuertes.
Nos enseñaron a saludar correctamente, aun a aquellas personas que no nos gustara su forma de ser.
Nos enseñaron a llorar a escondidas, porque "la risa es mejor que el llanto".
Nos insinuaron que debíamos casarnos antes de los 30, sino perteneceríamos al "sector solteronas/es".

Y cuando no aplaudimos, cuando preferimos la noche, cuando no decimos lo siento, cuando caemos y no logramos levantarnos (o no queremos), cuando no nos vestimos ni nos peinamos bien, cuando no
hacemos silencio, cuando olvidamos los buenos modales, cuando la lluvia nos moja, cuando gritamos sin razón, cuando no saludamos; cuando en lugar de reír, lloramos; cuando tenemos 40 años y seguimos
caminando por la vereda de la soledad, y cuando... cuando pasa todo esto, los maestros de la vida, se olvidan que una vez, también nos enseñaron a decir lo que pensamos y a hacer lo que sentimos.

No uses imprudentemente el tiempo o las palabras, no se pueden recuperar, la vida no es una carrera sino un viaje, que debe ser disfrutado a cada paso.

Dame, Señor, un corazón (Oración)


Dame, Señor, un corazón que escuche,
un corazón capaz de escuchar
hasta lo más hondo de tu Palabra,
capaz de entender tu propio secreto.

Dame, Señor, un corazón capaz de escuchar
el sentido de la historia:
a tu Hijo, hecho historia y clavado en la cruz.

Dame, Señor, un corazón capaz de escuchar
ese momento de crucifixión,
de la entrega de su vida,
para entenderlo con mi propia vida.

Dame, Señor, un corazón capaz de escuchar
el rumor de los pobres
que sube hasta Ti clamando justicia.

Dame, Señor, un corazón capaz de escuchar
los anhelos y las esperanzas de los hombres de hoy,
para descubrir la presencia actual de tu Cruz
y la entrega que ahora me pides.

Dame, Señor, un corazón capaz de escuchar
la experiencia del hombre,
de cada hombre,
para ser así capaz de anunciarle tu Noticia Buena.

¡Dame, Señor, un corazón semejante al tuyo!.

Percival Cowley, SS.CC.

Nunca te des por vencido


Las heridas...


martes, 21 de junio de 2016

Dentro de ti


Busca dentro de ti la solución de todos los problemas, hasta de aquellos que creas más exteriores y materiales.
Dentro de ti esta siempre el secreto, dentro de ti están todos los secretos.
Aún para abrirte camino en la selva virgen, aún para levantar un muro, aún para tender un puente, has de buscar antes, en ti, el secreto.
Dentro de ti hay tendidos ya todos los puentes están cortadas dentro de ti las malezas y lianas que cierran los caminos.
Todas las arquitecturas están ya levantadas, dentro de ti.
Pregunta al arquitecto escondido.
Él te dará sus formulas.
Antes de ir a buscar el hacha de más filo, la piqueta más dura, la pala más resistente...entra en tu interior y pregunta...
Y sabrás lo esencial de todos los problemas y se te enseñará lo mejor de todas las fórmulas, y se te dará la más sólida de todas las herramientas.
Y acertarás constantemente, puesto que dentro de ti llevas la luz misteriosa de todos los secretos...

Llevas un gran tesoro en una vasija de barro


Llevas un gran tesoro en una vasija de barro. Que la conciencia de tu arcilla no disminuya tu capacidad de sorpresa y asombro: “jamás un pueblo a tenido un dios tan cercano a él”, así reflexionaba el pueblo de Israel, pensando en el camino salvador de Dios en su propia historia. Tan cercano, que es más íntimo a ti que tú mismo. En él vives, te mueves y existes. Él está en el origen de tu ser, en el inicio de tu fe y en el comienzo de tu compromiso evangelizador.

A su llamada creadora debes tu existencia como persona, como creyente y como evangelizador o monitor: Por tu mérito no puedes apuntarte ningún tanto en este sentido, pero tu capacidad te viene de Dios.

No te preguntes por qué te ha llamado. Si miras a tu alrededor encontrarás a gente mejor que tú, más preparada, con más gancho. Y, sin embargo, ahí estás tú. Dios te ha llamado y te da miedo. Hasta le puedes decir: “mira que no sé hablar”. Pero Él te responderá siempre: “venga, no temas, que yo estoy contigo”. Su llamada te fortalece y te da el ánimo que necesitas.

Las llamadas son diferentes. No todos somos llamados para lo mismo. Pero todos tenemos la responsabilidad de que no falte la respuesta a ninguna de ellas. Ningún evangelizador debe ser indiferente: la responsabilidad es de todos.

El Señor nos pide que nos miremos al espejo antes de juzgar

Antes de juzgar a los otros es necesario mirarse al espejo y ver cómo somos. Es la invitación del papa Francisco en la misa de esta mañana celebrada en Santa Marta, la última antes del descanso por el verano. El Pontífice ha subrayado que lo que diferencia el juicio de Dios del nuestro no es la omnipotencia sino la misericordia.

Reflexionando sobre el Evangelio del día, el Santo Padre ha recordado que el juicio pertenece solo a Dios y por eso si no queremos ser juzgados también nosotros debemos juzgar a los otros. Todos nosotros queremos que en el Día del Juicio, “el Señor nos mire con benevolencia, que el Señor se olvide de muchas cosas feas que hemos hecho en la vida”, ha asegurado.

Por eso si “tú juzgas continuamente a los otros con la misma medida, tú serás juzgado”. El Señor nos pide que nos miremos al espejo. “Mírate al espejo, pero no para maquillarte, para que no se vean las arrugas. No, no, no, ¡ese no es el consejo! Mírate al espejo para mírate a ti, como tú eres”, ha invitado Francisco. Querer quitar la paja del ojo ajeno, mientras que en tu ojo hay una viga. El Señor dice que cuando hacemos esto hay solo una palabra para definirlo: “hipócrita”.

Por eso, el Pontífice ha observado que se ve que el Señor aquí “se enfada un poco”, dice que somos hipócritas cuando nos ponemos “en el sitio de Dios”. Y así, ha recordado que esto es lo que la serpiente ha convencido a hacer a Adán y Eva: “si coméis de esto seréis como Él”. Ellos –ha precisado– querían ponerse en el sitio de Dios.

Asimismo ha explicado que por esto es tan feo juzgar. El juicio corresponde solo a Dios. “A nosotros el amor, la comprensión, el rezar por los otros cuando vemos cosas que no son buenas, pero también hablar con ellos: pero, mira, yo veo esto, quizá…’ pero no juzgar”, ha aseverado.

El Santo Padre ha proseguido su homilía subrayando que cuando juzgamos “nos ponemos en el sitio de Dios” pero “nuestros juicio es un juicio pobre” , nunca “puede ser un juicio verdadero”. Y nuestro juicio no es como el de Dios no por su omnipotencia, sino “porque a nuestros juicio le falta misericordia, y cuando Dios juzga, juzga con misericordia”.

Finalmente, el Papa ha invitado a pensar hoy en lo que el Señor nos dice: no juzgar para no ser juzgados, la medida con la que juzgamos será la misma que usarán con nosotros y mirarnos al espejo antes de juzgar. De lo contrario seremos un “hipócrita” porque me pongo en el sitio de Dios y porque nuestro juicio es pobre porque le falta algo importante que tiene el juicio de Dios, le falta misericordia.

Fuente: Zenit

Id por el mundo...


Vuelve a empezar


Te quiero


lunes, 20 de junio de 2016

Compartiendo vida. Construir murallas.


Hay murallas que surgen en nuestra vida sin apenas darnos cuenta, son murallas que con frecuencia construimos nosotros mismos, en otras ocasiones las construyen los otros impidiéndonos atravesarlas para  llegar a ellos.
Construyo murallas dentro de mí cuando me cierro en mi mismo debilitando todas las posibilidades que Dios me concede para darme a los otros con gratuidad.
Construyo murallas cuando impido a los demás pasar la frontera de lo que simplemente ven sin dejarles pisar, aunque sea un poco, algo de mi tierra sagrada.
Construyo murallas cuando no dejo a nadie adentrarse en "mi terreno", dificultando con esto un conocimiento mayor de lo que soy y vivo.
Las murallas nunca unen, por el contrario, dividen y separan.
No construyamos una muralla dentro de nosotros mismos, no demos paso al rencor, al aislamiento ni a la soledad.
Abramos nuestras puertas al amor, a la compañía, a la amistad y al darnos a conocer.
Solo desde el conocimiento personal, desde el deseo de caminar por espacios abiertos, podremos vencer y destruir esas murallas que nos impiden llegar a los otros y... que los otros lleguen a nuestra vida.

Encar_AM

Te escucho, Señor

Te escucho, Señor, llamándome y prometiéndome tu paz, aun cuando yo esté todavía atrapada en los placeres y vanidades de este mundo. Pero tú deseas tanto que te ame, y procure la paz de tu compañía, que, de un modo u otro, no me dejas de llamar. 
Tú me has esperado ansiosamente muchos días, y aun muchos años. He sido, lo sé, lenta para responder, inhábil y poco dispuesta para cumplir enseguida tus mandatos. 
Pero no debo desconsolarme si tú puedes encontrar en mi corazón perseverancia y deseos de responder a tu llamado de paz. 
Porque si te tengo a ti, mi Dios, nada me faltará. Sólo tú bastas.

El cielo (Video)

Estar en paz


viernes, 17 de junio de 2016

Vídeo promocional oficial de la JMJ Cracovia 2016

Aprender a recibir


La Biblia dice: "Da y recibe" (Sir 14,16). El amor verdadero no es sólo dar, no es sólo hacer cosas por los demás. Es también recibir de los demás y aprender de ellos con humildad.

No basta derramarme en el otro, hacerme fecundo en él. También tengo que disponerme a recibir algo de él, a reconocer el inmenso valor del hermano.

Cuando el apóstol San Pablo habla del cuerpo místico y de la importancia de los dones de todos, allí la actitud negativa que se describe es la de no querer dar, sino precisamente la de no querer recibir de los demás, la de no saber gozarse en el don del hermano: "No puede el ojo decir a la mano: "No te necesito"... Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte de su gozo" (1 Cor. 12, 21-26).

La capacidad de beber del cántaro del hermano es fuente de un gozo especialísimo. ¿Acaso puede haber verdadero amor en una pareja si uno de los dos se encierra en sus esquemas, si se siente salvado en sus seguridades, y ya no es capaz de aprender del otro? ¿Ama de verdad alguien que ya no es capaz de admirarse del otro, o de escucharlo con interés, o que siente que ya no lo necesita?.

El amor que derrama el Espíritu es una capacidad de dar y también de recibir, porque nos hace reconocer que no somos dioses y que necesitamos de los demás.