sábado, 19 de mayo de 2018

Espíritu Santo, Señor y dador de vida


Dios Espíritu Santo,
Señor y dador de vida.
Te pedimos por tantos hermanos que sufren.
Te pedimos por esas vidas humanas
que luchan contra la miseria y esperan solidaridad.
Padre de los pobres,
infunde, tu paternidad en todos nosotros
para que vivamos como hermanos,
y alcancemos así la plenitud de vida,
en la comunión fraterna,
en Cristo, nuestro hermano.
Amén.

Acogemos los Dones del Espíritu Santo


Acogemos los dones que el Espíritu nos regala para vivir nuestra fe y nuestro compromiso con el mundo:

El don de Fortaleza: Tú eres quien nos mantiene firmes en nuestra fe, eres quien nos acompaña y sostiene en las dificultades que se nos presentan en la Vida.  A ti te invocamos cada vez que nos sentimos débiles, angustiados, oprimidos, para fortalecernos y salir adelante en nuestro compromiso y en nuestro amor y seguimiento de Jesucristo. Tú eres el que nos recuerda siempre que Dios nos ama por sobre todas las cosas.

El don de la Sabiduría:  Tú eres el don que nos permites disfrutar las cosas de Dios.  Eres quien nos invita siempre a buscar primero el Reino de Dios.  Tú nos permites ver las cosas no sólo con la racionalidad, sino también con el corazón, tratando de verlas tal cual Dios mismo las ve.

El don de la Piedad:  Tú eres el don que nos permite reconocernos hijos muy amados del Padre, y poder disfrutar de la dicha que esto significa.  Eres el don que nos facilita nuestro dialogo amoroso y filial con Dios a través de la oración y del encuentro comunitario.

El don del Temor de Dios:  Tú eres quien nos permite acercarnos con cariño y confiadamente a Dios Padre, para hablarle con sencillez y presentarle nuestra vida.  Tú nos permites reconocer día a día el amor de Dios por cada uno de nosotros, contigo podemos reconocer que somos sus hijos predilectos muy amados por Dios.  Nos iluminas de manera especial en los momentos en que, en forma personal o comunitaria nos reunimos a orar y alabarte.

El don del Consejo: Tú eres quien nos inspira para saber qué debemos hacer, qué escoger, qué cosas evitar.  Tú estás siempre presente cuando debemos tomar decisiones en nuestra vida, para que ellas están de acuerdo a la voluntad de Dios Padre y del Evangelio de Jesús nuestro hermano.  Y a ti también te invocamos cuando debemos aconsejar a uno de nuestros hermanos.

El don de Ciencia:  Tú eres quien nos permite descubrir lo verdadero y lo falso.  Nos ayudas a comprender y amar el universo entero creado por Dios.  Eres el don que nos inspiras a encontrar la presencia de Dios en toda la creación.  Eres quien inspiras a hombres y mujeres para llevar adelante descubrimientos, avances científicos y tecnológicos que favorecen la vida del hombre.

El don de Entendimiento:  Tú eres quien nos permite adentrarnos en los misterios de Dios para poder descubrir ¿qué es lo que Dios quiere?.  Tú nos ayudas a discernir los caminos que nuestro Padre nos presenta, iluminados por su misma Palabra y por la oración.

Oración de la tarde para Pentecostés

Haciendo CLIC AQUÍ podréis descargar una oración para la tarde de Pentecostés

Dibujo Pentecostés


Derrama los Dones del Espíritu Santo


“Padre que en este día de Pentecostés
santificas a tu Iglesia en todos los pueblos y naciones:
derrama los dones del Espíritu Santo
sobre todo los confines de la tierra;
y no dejes de realizar hoy,
en el corazón de tus fieles,
aquellas mismas maravillas que obraste
al iniciar la predicación del Evangelio.
Por Jesucristo nuestro Señor”
Amén

Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, danos un corazón grande,
abierto a tu silenciosa y potente palabra inspiradora;
un corazón hermético ante cualquier ambición mezquina;
un corazón grande para amar a todos, para servir a todos,
para sufrir con todos;
un corazón fuerte para resisitir a cualquier tentación,
cualquier prueba, cualquier desilusión, cualquier ofensa;
 un corazón feliz de poder palpitar al ritmo del corazón de Cristo
y cumplir humildemente, fielmente la divina voluntad.

Pablo VI

Pentecostés


jueves, 17 de mayo de 2018

Pentecostés

“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. 
Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. 
Había en Jerusalén hombres piadosos, que allí residían, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo”.

Hechos de los Apóstoles 2, 1-5

Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo

Descargar Vigilia AQUI
http://www.conferenciaepiscopal.es

Vigilia de Pentecostés 1

Descargar documento AQUÍ
www.redentoristas.org

Vigilia de Pentecostés para Jóvenes

Descargar documento AQUÍ

Recursos para Pentecostés

Descargar documento AQUÍ
www.buenasnuevas.com

miércoles, 16 de mayo de 2018

Envíanos, Señor, tu Espíritu


Envíanos, Señor, tu Espíritu.
El Espíritu del Amor,
Espíritu de color rojo como la Pasión y el martirio,
Espíritu de manos entrelazadas entre Padre e Hijo.
Envíanos tu Espíritu,
Paloma de Paz
que regala al mundo tu amistad.
Envíanos tu Espíritu,
para que no se nos olvide lo que es amar,
para que no echemos en saco roto la Palabra de la Verdad.
Envíanos tu Espíritu,
fuego valiente en la oscuridad.
Envíanos tu Espíritu,
a los que se van a confirmar,
a los que lo hicieron ya,
a la Iglesia, hogar de fraternidad.
Envíanos tu Espíritu,
para que no olvidemos a los pobres y humildes,
a aquellos que llevan en su corazón el sello del amor.

Tarjetas de Pentecostés

Pulsando AQUI podrás descargar unas tarjetas de Pentecostés

Oración: Pentecostés

Este domingo celebramos la fiesta de Pentecostés. Con ella terminamos el tiempo de Pascua y volvemos al llamado litúrgicamente Tiempo Ordinario. Pero para el que ha pasado "internamente" por la experiencia de la Pasión y la Pascua, ya nada puede tener de ordinario el día a día. Cada día es una nueva oportunidad de encuentro con Jesús Resucitado, que vive en el mundo, que trabaja junto a nosotros y con nosotros en hacer real el Reino de Dios.
En esta fiesta de Pentecostés recordamos que esta tarea que tenemos por delante de transformar el mundo, no es algo que dependa de mis fuerzas. Nada podré hacer si no me dejo primero transformar por el Espíritu Santo que recibo de Dios y que me habita. Si no dejo que sea él quien actúe a través de mí. Si no dejo que sea él mi fuerza y mi ánimo.
 No es un trabajo fácil. Quizá hoy en pleno siglo XXI el asumir que algo no depende de mí sea una de las tareas que más nos cuesta. Asumir con humildad que no va a ser mi dedicación, mi trabajo o mi esfuerzo lo que cambien mi vida o el mundo. Que sólo si escucho y dejo actuar al Espíritu que Dios me envía estaré realmente ayudando a dar forma al Reino de Dios. Y sobre todo, será entonces cuando podré ser testimonio para otros de lo que significa ser cristiano y les podré transmitir la verdadera alegría que me llena.

“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido, semejante a un viento impetuoso, y llenó toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas como de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. (Hechos 2, 1-4) 

Creo en el Espíritu Santo


Creo en el Espíritu Santo, “Señor y dador de ida”.

Creo en su soplo, imperceptible pero lleno de fuerza, que nos estimula a crear comunión con nuestros hermanos y formar una comunidad de salvados.

Creo que él nos hizo renacer en las agua del bautismo y nos constituyó hijos de Dios y hermanos de Cristo Jesús.

Creo que en la confirmación se renueva la gracia de Pentecostés y, fortalecidos con su unción, nos enviará como miembros de un pueblo profético a dar testimonio de Cristo en medio del mundo.

Creo que el nos constituye en una comunidad celebrante para glorificar a Dios Padre y participar en el misterio de Cristo con la oración y los sacramentos.

Creo que él hace siempre actual la Palabra de Dios que se proclama en nuestras celebraciones y suscita nuevas energías para que luego sea vivida en nuestra existencia.

Creo que él es quien suscita y anima nuestra oración, para que sea “en espíritu y en verdad”: la oración de los hijos que se dirigen a Dios como a su Padre.

Creo que él , a cuantos cada domingo , participamos en la eucaristía , nos llena de su energía, de su novedad, de su vida.

Creo que él es la sueva y eficaz memoria que nos hacer revivir día a día la Pascua salvadora de Cristo en nuestra vida.

Creo que él os anima a ser testigos y misioneros del evangelio de Cristo en nuestra familia y en nuestra sociedad.