viernes, 23 de agosto de 2019

El corazón

Para San Agustín, la búsqueda de la verdad siempre la hizo con grupos de amigos, nunca solo. Por eso, la amistad siempre fue tan importante para él. Descubrió que la verdad y el amor eran los cimientos de su vida. Tanto que llegó a decir que una de las cosas más importantes de la vida es aprender a amar. El corazón en este símbolo nos recuerda la importancia de esto.
Tanto es así que él escribe:

“De una vez por todas te fue dado un solo y breve mandamiento:
Ama y haz lo que quieras. Si corrijes, corrije por amor. Si perdonas, perdona por amor.
Si tienes en el fondo del corazón la raíz del amor! de esa raíz no puede salir sino el bien!”
(Comentario a la 1ª Carta de San Juan VII, 8)

Todos sentimos la necesidad de unión entre los compañeros de la clase, por eso, pidamos a Dios que prepare nuestro corazón para la amistad:

“Señor, manda y ordena lo que quieras, pero limpia mis oídos para que oigan  tu voz; sana y abre mis ojos para que descubran tus indicaciones. Aleja de mí la ignorancia, para que reconozca tus caminos. Dime para donde debo dirigir  mi mirada para verte a ti y, de ese modo, poder cumplir tus mandamientos”.
Ó Padre, haz que te busque sin incidir en el error. Que, al buscarte, nadie salga a mi encuentro en tu lugar. Sal tú, a mi encuentro, pues mi único deseo es poseerte. Y, si hay en mi algún deseo superfluo, elimínalo tu, para que yo pueda llegar a ti.” 

(San Agustín – Soliloquios 1,5.6)

El libro

El símbolo del libro representa la verdad. Significa la importancia de la verdad para San Agustín. De hecho, su ideal de vida fue alcanzar la verdad y la sabiduría. También nosotros, que hacemos parte de una escuela agustiniana, debemos seguir este ideal, a través de los libros del estudio y del conocimiento.

De esta forma describía él la búsqueda de la verdad con sus amigos:
“La verdad es patrimonio de todos y, por tanto, no es propiedad de nadie. Ella se encuentra en el medio para que, a su alrededor, vivan los que la aman. Aquello que es común está situado en el medio, o sea, dista igualmente de todos y se encuentra también al alcance de todos.” (Comentário al Salmo, 75, 17)

Vamos a hacer este momento de oración con las palabras que él pronunció y escribió para rezar unidos como una sola alma que busca la verdad.

“Señor, manda y ordena lo que quieras, pero limpia mis oídos para que oigan  tu voz; sana y abre mis ojos para que descubran tus indicaciones. Aleja de mí la ignorancia, para que reconozca tus caminos. Dime para donde debo dirigir  mi mirada para verte a ti y, de ese modo, poder cumplir tus mandamientos”.
Ó Padre, haz que te busque sin incidir en el error. Que, al buscarte, nadie salga a mi encuentro en tu lugar. Sal tú, a mi encuentro, pues mi único deseo es poseerte. Y, si hay en mi algún deseo superfluo, elimínalo tu, para que yo pueda llegar a ti.” 

(San Agustin – Solilóquios 1,5.6)

La flecha

La flecha es la Palabra de Dios, las palabras que San Agustín oyó en el huerto de Milán: “Toma y lee...”. Cuando nos encontramos verdaderamente con Dios es como si sintiéramos en el corazón la flecha de su caridad que inflama nuestros corazones. Es así como escribe San Agustín al narrar el momento de su conversión:

“Por cuanto tiempo, por cuanto tiempo diré todavía: mañana, mañana? Por que no ahora? Por que no diré, finalmente, ahora a mi indignidad? Así decía y lloraba, oprimido por el más amargo dolor del corazón. Entonces, de repente, oí una voz...: Toma y lee, toma y lee.” (Confesiones VIII, 28,3)
“Tu nos habías traspasado el corazón con flechas de tu amor, y traíamos tus palabras dentro de nuestras entrañas...en lo mas íntimo de los pensamientos nos quemaban y consumían la pesada torpeza, a fin de no inclinarnos para las bajezas.” (Confesiones IX, 3,4)

Cuando rezamos nos ponemos a disposición de ser alcanzados por Dios por eso pedimos:

“Señor, manda y ordena lo que quieras, pero limpia mis oídos para que oigan  tu voz; sana y abre mis ojos para que descubran tus indicaciones. Aleja de mí la ignorancia, para que reconozca tus caminos. Dime para donde debo dirigir  mi mirada para verte a ti y, de ese modo, poder cumplir tus mandamientos”.
Ó Padre, haz que te busque sin incidir en el error. Que, al buscarte, nadie salga a mi encuentro en tu lugar. Sal tú, a mi encuentro, pues mi único deseo es poseerte. Y, si hay en mi algún deseo superfluo, elimínalo tu, para que yo pueda llegar a ti.” (San Agustin – Solilóquios 1,5.6)

La llama

La conversión de San Agustín es el fuego del corazón tocado por el amor y la palabra de Dios que arde como un solo corazón y una sola alma para  Dios. “Tu me tocaste, y ahora estoy ardiendo en el deseo de tu paz..” Este fue el ideal que encontró en el modo de vida de los seguidores de Jesús:
“La multitud de los fieles era un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba propiedad particular las cosas que poseía, sino que todo era puesto en común entre ellos.” (Actos de los Apóstoles 4,32)

Procurando vivir a ejemplo de los primeros cristianos, de San Agustín y de sus amigos, que dejaron este lema para todas las comunidades agustinianas “una sola alma y un solo corazón para Dios”, recemos con las mismas palabras que San Agustín escribió:

“Señor, manda y ordena lo que quieras, pero limpia mis oídos para que oigan  tu voz; sana y abre mis ojos para que descubran tus indicaciones. Aleja de mí la ignorancia, para que reconozca tus caminos. Dime para donde debo dirigir  mi mirada para verte a ti y, de ese modo, poder cumplir tus mandamientos”.
Ó Padre, haz que te busque sin incidir en el error. Que, al buscarte, nadie salga a mi encuentro en tu lugar. Sal tú, a mi encuentro, pues mi único deseo es poseerte. Y, si hay en mi algún deseo superfluo, elimínalo tu, para que yo pueda llegar a ti.(San Agustin – Solilóquios 1,5.6).

jueves, 22 de agosto de 2019

Canciones Reflejos de Luz

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Triduo a San Agustín 2019

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El sol viajaba por el cielo


El sol viajaba por el cielo, alegre y glorioso sobre su carro de fuego, lanzando sus rayos en todas las direcciones, a pesar de la rabia de una nube de humor de temporal, que rezongaba: —Despilfarrador, mano rota, regala, regala tus rayos, verás cuántos te van a quedar. En los viñedos cada grano de uva que maduraba sobre los sarmientos robaba un rayo al minuto, o también dos; y no había una brizna de hierba, o araña, o flor, o gota de agua, que no se tomase su parte. 
Deja, deja que todos te despojen: verás cómo te lo agradecerán, cuando no tengas nada más para regalarles.
El sol continuaba alegremente su viaje, regalando rayos por millones, por miles de millones, sin contarlos. Solamente al ocaso contó los rayos que le quedaban: y fíjate, no le faltaba ni si quiera uno. 
La nube, de la sorpresa, se disolvió en granizo. El sol se zambulló alegremente tras el horizonte.
(Gianni Rodari. Cuentos por teléfono)

Hay muchos envidiosos, como la nube de hoy, que sufren cuando los otros son generosos. Señor, que nosotros no envidiemos jamás el bien que hacen los otros, sino que los imitemos con gozo y alegría. Gracias, Señor, por la gente que se da a los demás. Te pedimos ahora por los egoístas y envidiosos, para que también ellos puedan hacerse generosos y disfrutar con el bien. 

Oración por los Derechos Humanos

Padre de todos, te damos gracias
porque todos los hombres, mujeres y niños
nacemos libres e iguales en dignidad y derechos.
Ayúdanos a vivir en tu presencia
como hermanos y hermanas.

Señor Jesús,
llegaste entre nosotros como uno más
y no te aceptamos.
Todavía hoy, en muchos países,
a multitud de nuestros hermanos y hermanas
se le niegan sus derechos humanos.
Tú sigues siendo crucificado en ellos.
Perdónanos y sálvanos.

Espíritu Santo,
luz de nuestros corazones,
ven y enséñanos la sabiduría
que nace de nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios.
Danos poder para crear
un mundo donde quepamos todos.
Señor, ya que nacemos seres libres,
deja que permanezcamos libres
hasta que retornemos a Ti.

Celebrando a San Agustín

Que estas palabras de su libro Las Confesiones nos sigan inspirando hoy como ayer en la búsqueda por la verdad, que no es sino la búsqueda de Dios.

1. Los tiempos de conversión, son los tiempos de Dios
Cuántos de nosotros, habiendo nacido en hogares católicos,  hemos conocido a Dios ya siendo adultos. Para volver a Él  nunca es tarde, Dios está siempre con nosotros.  Éramos nosotros los que no estábamos con Él.

“¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; me retenían lejos de ti cosas que no existirían si no existieran en ti. Pero tú me llamaste y clamaste hasta romper finalmente mi sordera. Con tu fulgor espléndido pusiste en fuga mi ceguera. Tu fragancia penetró en mi respiración y ahora suspiro por ti. Gusté tu sabor y por eso ahora tengo más hambre y más sed de ese gusto. Me tocaste y con tu tacto me encendiste en tu paz”.

2. Dios es quien siempre llama, quien siempre busca y quien se encarga personalmente de cada uno de nosotros
Cuántas veces no entendemos lo que nos sucede en la vida. Cuántas caídas, cuántos dolores. Aunque pareciera que estuviésemos solos en medio de la incertidumbre, Dios estaba siempre ahí. Dios habla, consuela y forma cuidadosamente, incluso en medio del dolor.

“Entonces tú, [mi Dios], tratándome con mano suavísima y llena de misericordia, fuiste modelando poco a poco mi corazón”.

3. Pedir a Dios significa también estar dispuestos a escuchar y recibir lo que Él nos da. Dios nunca se equivoca
Cuántas veces hemos elevado los ojos al cielo pidiéndole algo a Dios. Le hemos confiado nuestros deseos, nuestros sueños. Le hemos pedido que aligere nuestra carga. A veces parece que no nos escucha. Pero Él siempre lo hace y otorga lo que sabe es mejor para cada uno.

“[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas”.

4. Dios conoce lo más profundo de nuestro ser, es Él quién lo ha modelado con sus propias manos.
Cuesta creer que verdaderamente somos hijos de Dios, todos y cada uno de nosotros. Incluso los que no creen en Él. Dios conoce cada rincón de nuestro ser, cada pensamiento, cada sueño, cada anhelo, cada caída, cada lucha. Él  está ahí porque fueron sus propias manos las que modelaron nuestra existencia.

“[Señor Dios mío], tú eres interior a mi más honda interioridad”.

“[Tú, oh Dios,] estás presente también en aquellos que huyen de ti”.

 “¡Oh Señor omnipotente y bueno, que cuidas de cada uno de tus hijos como si fuera el único, y que de todos cuidas como si fueran uno solo!”

“Tú eres, [oh Dios mío], inaccesible y próximo, secretísimo y presentísimo”.

5. Dios nos forma a través de otros. La responsabilidad del amor incondicional
Las que son mamás saben cuánto cuesta criar un hijo. Es necesaria la confianza en Dios para formarlos en la libertad y la verdad. Santa Mónica, madre de San Agustín, nos enseña que todos los dolores y los miedos en la crianza de los hijos, cuando son entregados a Dios, dan fruto. Todos estamos llamados a ser santos y todas las madres están llamadas a criar hijos santos para Dios.

“Ella lloraba por mi muerte espiritual, [Dios mío], con la fe que tú le habías dado, y tú escuchaste su clamor. La oíste cuando ella con sus lágrimas regaba la tierra ante tus ojos; ella oraba por mí en todas partes, y tú oíste su plegaria… Sus preces llegaban a tu presencia, pero tú me dejabas todavía volverme y revolverme en la oscuridad”.

“¿Cómo podía ser que tú desoyeras y rechazaras las lágrimas de la que [Mónica, mi madre] no te pedía oro ni plata ni bien alguno pasajero sino la salud espiritual de su hijo, que era suyo porque tú se lo habías dado?”.

6. Dios es nuestro único consuelo ante la muerte
Perder a alguien a quien amamos profundamente es tan doloroso que incluso se desea la propia muerte. Sin Dios quedamos perdidos, solos. Pero Él entiende este dolor y nos promete un encuentro futuro y sin separaciones en la vida eterna. Esa promesa es la que nos debe llenar de esperanza y restaurar la alegría perdida por la ausencia física de los que ya han partido.

“El único que no pierde a sus seres queridos es el que los quiere y los tiene en Aquel que no se pierde. ¿Y quién es este sino tú, nuestro Dios, el que hizo el cielo y la tierra y los llena, pues llenándolos los hizo?”.

7. La misericordia de Dios es infinita. Nunca nos cansemos de pedir perdón
Existen días en los que queremos darnos por vencidos. Es una lucha que parece vamos perdiendo una y otra vez, cansados de caer y de pedir perdón siempre por lo mismo. Dios no se cansa de perdonarnos, somos nosotros los que pensamos que no somos más dignos de perdón. Su misericordia es infinita.

“A ti la alabanza y la gloria, ¡oh Dios, fuente de las misericordias! Yo me hacía cada vez más miserable y tú te me hacías más cercano. Tu mano estaba pronta a sacarme del cieno y lavarme, pero yo no lo sabía”.

8. La generosidad en la comunidad cristiana es un verdadero camino de conversión
Sobre todo en este tiempo, qué importante es volver la mirada a nuestros hermanos necesitados de nuestra generosidad y amor. ¡Tanta gente que muere de hambre, mientras que algunos están llenos de riquezas!

“Habíamos pensado contribuir con lo que cada uno tuviera para formar con lo de todos un patrimonio común, de modo que por nuestra sincera amistad no hubiera entre nosotros tuyo y mío, sino que todo fuera de todos y de cada uno”.

9. A Dios solo lo encuentran los humildes, los más pequeños
En un mundo en el que el valor está puesto en la imagen y en lo que se tiene San Agustín nos recuerda que es a los humildes a los que Dios mira con agrado.

“No te acercas, [oh Dios], sino a los de corazón contrito, ni te dejas encontrar por los soberbios por más que en su curiosidad y pericia sean capaces de contar las estrellas y conocer y medir los caminos de los astros por las regiones siderales”.

10. La muerte no es el final. La verdadera vida está junto a Dios
Deseoso de ser inmortal, el ser humano lucha por evitar la muerte, por prolongar la juventud, y desprecia todo lo que le recuerda que la vida es pasajera, que el cuerpo se deteriora y que tendrá un final. San Agustín nos recuerda que nuestro verdadero hogar es el Cielo.

“Nuestra casa no se derrumba por nuestra ausencia, pues nuestra casa es tu eternidad”.

11. El descanso y el sentido de nuestra existencia solo se verá saciado en Dios

Ese deseo de infinito que tiene el ser humano no es sino una expresión de esa nostalgia de Dios, de ese llamado a ser eterno. Solo lograremos saciar ese anhelo, esa hambre, alimentándonos de Dios.

“[Señor Dios], nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti”.


¡Tarde te amé! - San Agustín


Procura ser tan grande...


Las cosas se hacen


La luz del día

Al tocar la luz del día mis ojos, Señor,
mi corazón se levanta hacia tí en busca de tu mirada.
Escucha las palabras de quien siente la vida de nuevo,
y estate atento, Señor; cercano a mi mano abierta,
Dá respuesta a mi pregunta; ayúdame en mi inquietud,
tú que eres mi Señor, en quién yo confío.

A tí abro mi ser, mis ganas de vivir, mi despertar;
de mañana en tus manos pongo mis miedos, mis ilusiones;
de mañana, en tus ojos pongo la pureza u sinceridad
de mi búsqueda.
de mañana en tu camino, quiero dirigir mis pasos.
Oye mi voz, Señor, tu que eres bueno y compasivo
y alienta mi vida que busca en tí luz y calor.

Mira, Señor, mi corazón pobre, que como un gorrioncillo
busca abrigo en tus manos, toma mi arcilla
y moldéala según los proyectos que tienes para mí este día
Quiero estar ante tus ojos y dejarme penetrar por tu mirada;
delante de tus ojos, Señor, me siento pequeño y frágil.
Derrama al comenzar la mañana tu ternura y tu bondad
para que mi corazón se sienta fuerte y animoso.

Señor, aparta de mi camino el mal que me rodea,
y no dejes que este día la mentira se adueñe de mí.
dame mansedumbre y humildad para que mi corazón, Señor,
no sea hoy violento ni haga juego sucio a nadie.
Confío en la abundancia de tu amor y camino hacia tí
firme de que me acoges en tu casa. Haz. Señor,
que camine hoy en tu presencia y que tema apartarme de tí.

Guíame, Señor, tu que eres bueno y santo;
guíame hacia la luz y que camine como hijo de la luz;
guíame y allana mi camino para que sea fiel a tu ley.
y tu camino, Señor, Sea hoy la pasión de mi corazón joven,
y que tu Espíritu Santo me ayude en cada paso.

Que mi boca, Señor, sea hoy la expresión de mi interior;
que mis palabras arranquen de lo profundo y sean verdaderas.

Señor, dame un corazón limpio para que te pueda ver,
Señor, dame un corazón de pobre para que viva hoy tu reino,
Señor, dame un corazón misericordioso, para que derrame misericordia,
Señor, dame un corazón lleno de paz, para que sea hijo tuyo,
Señor, dame un corazón que tenga hambre y sed de justicia
para que sea saciado y haga tu voluntad;
Señor, dame un corazón manso para que posea la tierra,
Que mi corazón se alegre y se regocije hoy,
porque todo lo espero de Tí Dios mío.

A tí me acojo, Señor, al comenzar el día, protégeme.
En tí pongo mi confianza como un niño en su made, ayúdame.
A tí abro mis proyectos y los planes de este día, acompáñame
A tí ofrezco lo que soy y lo que tengo, acógelo.
A tí que eres Dios de la vida, te pido fuerza, anímame.
Mi corazón te ama y, lleno de gozo exulta en tí.

Bendíceme , Señor, guíame por el camino justo;
como un gran escudo defiéndeme, sé mi fortaleza.
Que tus alas, Señor, me cobijen y guarden
mientras yo voy viviendo el día de hoy.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Enciende mi interior, Señor

Enciende en mi interior, oh Dios,
el deseo de meditar tu Palabra;
Vete ilustrándome en su conocimiento
y haz que dedique a ello mi tiempo.
Así, no sólo soy útil para mi  mismo,
sino que ejercito la caridad fraterna.

Te ofrezco mi inteligencia y mi palabra;
Poda todo error y toda mentira de mis labios,
y haz que tus Escrituras
sean mis placeres preferidos.

Haz que no me engañe yo con ellas,
y que a nadie confunda yo con ellas.
Concédeme esto, Señor mío,
Tú que eres luz de los ciegos y
fortaleza de los desvalidos.

Dame tiempo para escrutar los secretos
que has ocultado como tesoros en tu Biblia
y rastrear en cada página el sentido de  tus mensajes.
Revélame el tesoro de sus significaciones,
porque tu voz es mi gozo.

Yo amo tu Palabra.
Dame lo que amo y derrama su significado
como lluvia sobre esta  hierba sedienta de mi alma.

Que bebiendo así de ti, Señor,
admire desde tu potencia creadora en el Génesis
hasta el último segundo de la historia,
puerta para tu Ciudad Eterna.

Te lo repito, Señor,
mi deseo es conocer tu Palabra;
lo demás me lo darás por añadidura.

(San Agustín. Cf. Conf. XI, 2)

Las cosas no se conocen hasta que no se prueban


Érase una vez un muñeco de sal. Había andado mucho por cálidas tierras y áridos desiertos. Y un día llegó a la orilla del mar. Nunca lo había visto y sintió curiosidad. -¿Quién eres?, preguntó el muñeco. -Soy el mar, respondió éste. -Pero… ¿qué es el mar?, volvió a insistir el muñeco. -Si quieres saber lo que soy, tócame, le contestó el mar. Y tímidamente el muñeco de sal tocó el mar con la punta de los dedos de su pie derecho. De improviso se asustó, al darse cuenta que la punta de su pie había desaparecido. -Mar ¿qué me hiciste?, preguntó, llorando, el muñeco. Se quedó largo tiempo pensativo, y, por fin, decidió deslizarse suavemente en el mar. A medida que entraba en el agua, se iba deshaciendo, diluyéndose… poco a poco… Cuando una ola lo absorbió por entero, se fundió con el mar y, en ese instante, supo qué era el mar.

Señor Jesús: Las cosas no se conocen hasta que no se prueban. Contigo pasa lo mismo: mientras no nos decidimos a abandonarnos del todo en ti, no sabemos quién eres, cómo eres. Ayúdanos a perderte el miedo y a fundirnos contigo, para saborearte. Te pedimos por los que no conocen a tu Hijo, le tienen miedo o pasan de él; y por los misioneros y misioneras que dedican su vida a darlo a conocer.

Buenos días

“Entonces se le acercó uno y le dijo: “Maestro, ¿qué obras buenas tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?”. Le contentó: “¿Por qué me preguntas sobre el bien? Uno solo es bueno. Pues, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Le pregunta: “¿Cuáles?”. Jesús le dijo: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no perjurarás, honra al padre y a la madre, y amarás al prójimo como a ti mismo”. El joven le dijo: “Todo eso lo he cumplido, ¿qué me queda por hacer?”. Jesús le contestó: “Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo: después sígueme”. Al oírlo, el joven se marchó triste, pues era muy rico.

Oración
Jesús dame tu luz, para que encuentre sentido a mi vida.
Jesús dame tu luz, para que sepa vivir con alegría
Jesús dame tu luz, para que sepa compartir mi vida.
Jesús dame tu luz, para que deje de lado mis tristezas.
Jesús dame tu luz, para que deje atrás todas mis dudas.
Jesús dame tu luz, para crecer y  madurar.
Jesús dame tu luz, para saber lo que quieres de mi.
Jesús dame tu luz, para librarme de tanto consumismo.
Jesús dame tu luz, para ayudar a cuantos lo necesitan.
Jesús dame tu luz, para no tener miedo a lo que pidas.
Jesús dame tu luz, para romper mis comodidades.