domingo, 24 de septiembre de 2017

Vivir el 25 domingo de TO, Ciclo A

MATEO 20, 1-16
Porque el reinado de Dios se parece a un propietario que salió al amanecer a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en el jornal de costumbre, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: - Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo que sea justo. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Saliendo a última hora, encontró a otros parados y les dijo: - ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: - Nadie nos ha contratado. Él les dijo: - Id también vosotros a la viña. Caída la tarde, dijo el dueño de la viña a su encargado: - Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Llegaron los de la última hora y cobraron cada uno el jornal entero. Al llegar los primeros pensaban que les darían más, pero también ellos cobraron el mismo jornal por cabeza.  Al recibirlo se pusieron a protestar contra el propietario: - Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos cargado con el peso del día y el bochorno. Él repuso a uno de ellos: - Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en ese jornal?  Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último lo mismo que a ti.  ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera con lo mío?, ¿o ves tú con malos ojos que yo sea generoso? Así es como los últimos serán primeros y los primeros últimos.

NO DESVIRTUAR LA BONDAD DE DIOS

A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como «un misterio de bondad insondable» que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio.
Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios bueno, Jesús compara su actuación con la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo
Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da «un denario»: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder sobrevivir.
Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: «¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?». ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar?
¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos? ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las personas, como haríamos nosotros, busca siempre responder desde su bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación?
Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad?
Creer en un Dios Amigo incondicional puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona.
Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados de aquí y de allá. Ante el Dios bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza.

José Antonio Pagola

viernes, 15 de septiembre de 2017

Vivir el 24 domingo de TO, ciclo A

MATEO 18, 21-35
Entonces se adelantó Pedro y le preguntó: - Señor, y si mi hermano me sigue ofendiendo, ¿cuántas veces lo tendré que perdonar?, ¿siete veces? Jesús le contestó: - Siete veces, no; setenta veces siete. Por esto el reinado de Dios se parece a un rey que quiso saldar cuentas con sus empleados. Para empezar, le presentaron a uno que le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, con su mujer, sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara con eso. El empleado se echó a sus pies suplicándole: "Ten paciencia conmigo, que te lo pagaré todo". El señor, conmovido, dejó marcharse a aquel empleado, perdonándole la deuda.  Pero, al salir, el empleado encontró a un compañero suyo que le debía algún dinero, lo agarró por el cuello y le decía apretando: "Págame lo que me debes". El compañero se echó a sus pies suplicándole: "Ten paciencia conmigo, que te lo pagaré".  Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Al ver aquello sus compañeros, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor lo sucedido.  Entonces el señor llamó al empleado y le dijo: - ¡Miserable! Cuando me suplicaste te perdoné toda aquella deuda.  ¿No era tu deber tener también compasión de tu compañero como yo la tuve de ti? Y su señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda su deuda. Pues lo mismo os tratará mi Padre del cielo si no perdonáis de corazón, cada uno a su hermano.

VIVIR PERDONANDO

Los discípulos le han oído a Jesús decir cosas increíbles sobre el amor a los enemigos, la oración al Padre por los que los persiguen, el perdón a quien les hace daño. Seguramente les parece un mensaje extraordinario, pero poco realista y muy problemático.
Pedro se acerca ahora a Jesús con un planteamiento más práctico y concreto que les permita, al menos, resolver los problemas que surgen entre ellos: recelos, envidias, enfrentamientos y conflictos. ¿Cómo tienen que actuar en aquella familia de seguidores que caminan tras sus pasos? En concreto: «¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano cuando me ofenda?».
Antes de que Jesús le responda, el impetuoso Pedro se le adelanta a hacerle su propia sugerencia: «¿Hasta siete veces?». Su propuesta es de una generosidad muy superior al clima justiciero que se respira en la sociedad judía. Va más allá incluso de lo que se practica entre los rabinos y los grupos esenios, que hablan como máximo de perdonar hasta cuatro veces.
Sin embargo, Pedro se sigue moviendo en el plano de la casuística judía, donde se prescribe el perdón como arreglo amistoso y reglamentado para garantizar el funcionamiento ordenado de la convivencia entre quienes pertenecen al mismo grupo.
La respuesta de Jesús exige ponernos en otro registro. En el perdón no hay límites: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». No tiene sentido llevar cuentas del perdón. El que se pone a contar cuántas veces está perdonando al hermano se adentra por un camino absurdo que arruina el espíritu que ha de reinar entre sus seguidores.
Entre los judíos era conocido el «Canto de venganza» de Lámec, un legendario héroe del desierto, que decía así: «Caín será vengado siete veces, pero Lámec será vengado setenta veces siete». Frente a esta cultura de la venganza sin límites, Jesús propone el perdón sin límites entre sus seguidores.
Las diferentes posiciones ante el Concilio han ido provocando en el interior de la Iglesia conflictos y enfrentamientos a veces muy dolorosos. La falta de respeto mutuo, los insultos y las calumnias son frecuentes. Sin que nadie los desautorice, sectores que se dicen cristianos se sirven de Internet para sembrar agresividad y odio, destruyendo sin piedad el nombre y la trayectoria de otros creyentes.
Necesitamos urgentemente testigos de Jesús que anuncien con palabra firme su Evangelio y que contagien con corazón humilde su paz. Creyentes que vivan perdonando y curando esta obcecación enfermiza que ha penetrado en su Iglesia.
José Antonio Pagola

viernes, 8 de septiembre de 2017

Vivir el 23 domingo de TO, ciclo A

MATEO 18, 15-20
Si tu hermano te ofende, ve y házselo ver, a solas entre los dos. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que toda la cuestión quede zanjada apoyándose en dos o tres testigos (Dt 19,15). Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un recaudador. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os lo digo otra vez: Si dos de vosotros llegan a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí, en medio de ellos, estoy yo.

ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Aunque las palabras de Jesús, recogidas por Mateo, son de gran importancia para la vida de las comunidades cristianas, pocas veces atraen la atención de comentaristas y predicadores. Esta es la promesa de Jesús: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Jesús no está pensando en celebraciones masivas, como las de la plaza de San Pedro en Roma. Aunque solo sean dos o tres, allí está él en medio de ellos. No es necesario que esté presente la jerarquía; no hace falta que sean muchos los reunidos.
Lo importante es que «estén reunidos», no dispersos ni enfrentados: que no vivan descalificándose unos a otros. Lo decisivo es que se reúnan «en su nombre»; que escuchen su llamada, que vivan identificados con su proyecto del reino de Dios. Que Jesús sea el centro de su pequeño grupo.
Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el «secreto» de toda comunidad cristiana viva.
Los cristianos no podemos reunirnos hoy en nuestros grupos y comunidades de cualquier manera: por costumbre, por inercia o para cumplir unas obligaciones religiosas. Seremos muchos o, tal vez, pocos. Pero lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano.
Hemos de reavivar la conciencia de que somos comunidades de Jesús. Nos reunimos para escuchar su Evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Noticia.
El futuro de la fe cristiana entre nosotros dependerá en buena parte de lo que hagamos los cristianos en nuestras comunidades concretas las próximas décadas. No basta lo que pueda hacer el papa Francisco en el Vaticano. Tampoco podemos poner nuestra esperanza en el puñado de sacerdotes que puedan ordenarse los próximos años. Nuestra única esperanza es Jesucristo.
Somos nosotros los que hemos de centrar nuestras comunidades cristianas en la persona de Jesús como la única fuerza capaz de regenerar nuestra fe gastada y rutinaria. El único capaz de atraer a los hombres y mujeres de hoy. El único capaz de engendrar una fe nueva en estos tiempos de incredulidad. La renovación de las instancias centrales de la Iglesia es urgente. Los decretos de reformas, necesarios. Pero nada tan decisivo como volver con radicalidad a Jesucristo.

José Antonio Pagola

domingo, 3 de septiembre de 2017

¿Eres agente de pastoral? ¡ponte las pilas! ¡pronto comienza el nuevo curso!

¡Ponte las pilas! ¡Pronto comienza el nuevo curso en España y tú, como agente de pastoral estás llamado a darte, ilusionarte, entregarte, esforzarte...! sí, sí... tú. ¿Por qué? La respuesta es obvia:
- Porque crees en Jesús y no te conformas con tenerlo para ti sólo.
- Porque eres entusiasta y crees que es posible un mundo mejor donde el Amor sea el centro de la vida.
- Porque es mucho el bien que puedes hacer a tu alrededor.
- Porque tus proyectos se convierten en proyectos de todos al compartirlos y promoverlos con ilusión.
- Porque el curso está lleno de oportunidades en las que puedes hacer felices a los demás.
- Porque son muchas las personas con las que te vas a cruzar en el camino que esperan de ti una sonrisa, un objetivo, un recorrido concreto a recorrer.
- Porque los demás están dispuestos a vivir contigo tu fe, promulgarla y defenderla.
- Porque el mundo necesita personas que crean en sí mismos, en los demás, y sobre todo, en Dios.
- Porque amas de verdad, a pesar de los muchos fallos, y quieres seguir de cerca a Cristo.
Por todo esto ¡ponte las pilas! ¡El curso está cerca, amigo mío!

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Receta optimista para el curso pastoral

1. ¿Que tus feligreses están “delgados” espiritualmente? La oración les hará fuertes.
2. ¿Que los bancos están llenos de polvo? Si abriésemos más las iglesias, cogerían más brillo.
3. ¿Que todo se hace mecánicamente? Hay que explicar, de vez en cuando, el por qué de las cosas y de los signos
4. ¿Que siempre vienen los mismos? A Jesús, 12, le bastaron
5. ¿Que tenemos muchas dificultades? En el calvario se levantó la cruz, no un divo
6. ¿Que la gente no nos comprende? Lo mismo decían del hablar de Jesús
7. ¿Que parece que somos de otro planeta? El Reino de Dios no es de este mundo
8. ¿Que hay excesivo trabajo? Dios nos ha llamado a la mies no a la playa
9. ¿Que fallan las fuerzas? La Palabra de Dios es un buen reconstituyente
10. ¿Que estamos solos? ¡La Iglesia es grande y universal!
11. ¿Que parece que nos repetimos? El Evangelio siempre será el mismo
12. ¿Que, creer, no está de moda? Pues empecemos a marcar estilo
13. ¿Que se habla mucho de la iglesia? ¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen!
14. ¿Que esto ya no es lo que era? No hay tiempos mejores ni peores: sólo distintos
15. ¿Que hay demasiada crítica a lo religioso? Lo que se mueve…llama la atención
16. ¿Que se ha perdido el sentido de lo sagrado? Empecemos por nosotros mismos
17. ¿Que hay menos sacerdotes? Valoremos y recemos por los que tenemos
18. ¿Que no se ven los frutos de lo que hacemos? Nosotros hemos recogido la siembra y el esfuerzo de otros.
19. ¿Para qué tanta catequesis? ..¿Y para qué otras actividades? ¿Dios siempre el último?
20. ¿Es necesaria la misa? Tanto como el sol para que madure la fruta.

Recursos pastorales para el inicio del nuevo curso 2017-18

Comenzamos un nuevo curso dando gracias a Dios por la vida..
Os ofrecemos estos materiales de pastoral:

Maestro ¿quién eres?
Parábola del estudiante
Al comienzo de un nuevo curso
Oración del profesor
Decálogo del nuevo curso
Padre nuestro que estás en el Colegio
La vuelta al cole
Abecedario del educador
Trabajar en común, como las hormigas
Bienaventuranzas del profesor
Decálogo para el curso
Utensilios cristianos para el curso
Receta optimista para el curso pastoral
Oración del alumno
Levántate y ponte en camino
Nuevo curso, motivación y religión
Ponte las pilas, comienza un nuevo curso
Decálogo para el nuevo curso 2015-16

La vuelta al cole

Si fuéramos anotando en una hoja todas las cosas que vamos aprendiendo cada día, llenaríamos cuadernos enteros de pequeñas grandes sabidurías.
¡¡Así que mochilita a la espalda, saquemos punta a los lápices y despejémonos la frente!!
Aprender que uno más uno muchas veces suman tres (o cinco). Que sumar esfuerzos multiplica los cambios. Y que si lo dividimos por cuatro será difícil volver a componerlo.
Que el trozo del bocata que el amigo te ofrece sabe a gloria. Y estar siempre dispuesto a ofrecer del tuyo (entero, si hace falta) aunque nadie te lo pida.
Que es una maravilla que alguien te lea un cuento; dibujando e imaginando cada escena, creando historias que pueden ser posibles.
Aventurarse a la palabra. Al don de comunicar. Al arte de escuchar. Hablar sin necesidad de gritar.
Y descubrir que una sonrisa amplia y sincera es el idioma más sencillo, más fácil de aprender y mundialmente compartido. Y seguramnete, el más poderoso de todos.
Aprender a dar razón. Dialogar con el corazón. Aprender a pedir. Gozar compartiendo.
Jugar. Divertirte. Soñar. Ser una niña que mira, observa e ilumina su mirada cada día.
Cantar. Convertir en canción las fracciones más bonitas, y también las más dolorosas de la Vida. Y alimentar el alma con cada una de ellas.
Pintar… Sonrisas. Y alegrías. Y flores. Y miradas sinceras. Y manos abiertas.
Llorar sin que te de vergüenza.
Leer. Lo que está escrito. Lo que se esconde detrás. Lo que quiso decir aquel que lo cuenta. Lo que pudo decir aquel que calló (o lo callaron). Hacerse una opinión. Saber defenderla.
Apuntarse como principales asignaturas a la de la Alegría, la Esperanza … y al “metodo clarito, abreviado y comprometido (para toda una vida) de apuesta por la Justicia y la Dignidad para todas las personas”.
Aprender a equivocarse. Esforzarse para sacar “buena nota”.  Saber suspender (y descubrir que terminarenos sabiendo mucho más…y mejor).
Experimentar cada abrazo como encuentro. Saborearlo. Bailarlo lento. Dedicándole tiempo a la amistad. Y al amor. Y sacarse matrícula de honor repartiendo muxotes potolos siempre que nos salga del corazón.
¡Comienza el nuevo curso! … mmmm, definitivamente, ¡cuánto me queda por aprender!
http://www.muxotepotolobat.com

Oración del profesor


Otra vez me tienes aquí de vuelta al aula escolar, Señor... Las vacaciones veraniegas han sido un buen respiro para ponerme al día con mis libros, pero la verdad es que he extrañado a los alumnos durante estos tres meses.
 ¿Por qué los siento tan "míos" a esas chicas y muchachos que Tú, Señor, pones cada año en mis manos?
Los dos sabemos la respuesta: esto que yo siento es "vocación", algo tan natural e innato que no se puede vivir sin satisfacerlo. Vocación o llamada, inclinación o exigencia íntima, ideal o razón de una existencia... el nombre poco importa; lo que importa es sentirlo y, sobre todo, vivirlo.
¿Por qué me gusta ser profesor? ¿Te lo tengo que contar a Ti, Señor, que fuiste quien me dio esa vocación? Tú lo sabes, pero déjame que te lo diga: me gusta, me fascina la profesión de la enseñanza, porque me parece lo más grande que puede hacerse en la vida. Además de en mis hijos, Señor, son centenares y quizás millares de hijos en los que he dejado ya algún rasgo de mi vida. Los alumnos no me llaman padre, solamente me dicen "profe", pero para mí esa palabra encierra tanto cariño, tanto respeto y confianza de su parte, como cuando mi hijo me dice "papi".
Educar, una palabra, una palabra tan preñada de contenido, pero tan poco comprendida... Educar, es decir, descubrir y explorar los filones de riqueza con que Tú, Señor, has enriquecido a cada ser humano, riquezas que en la mayoría de los casos permanecen enterradas, inexplotadas, porque faltó la mano amiga que nos ayudara a descubrirlas. Educar, sinónimo de instruir, pero mucho más amplio y profundo, porque abarca además la formación de la personalidad del educando en las variadas vertientes de la efectividad, del carácter, de la voluntad, de los criterios y actitudes ante la vida.
Es tan amplia, tan hermosa, Señor, nuestra tarea, que a veces con cierta vanidad siento mi profesión como una tarea muy similar a la de tu papel de creador. Ojala pueda yo, y lo mismo pido para todos mis compañeros, cumplir con esta tarea tan fascinante de ser "ingenieros" de las mentes y de los corazones de esos alumnos que sus progenitores nos confían para llevar a cabo junto con ellos, la tarea de la educación.
A veces, Señor, los alumnos me llaman "maestro"... Es un apelativo que a mí me da cierto reparo escucharlo. Para mí el único "maestro" de verdad fue tu Hijo, Cristo. Sólo El pudo presentarse ante los hombres como "camino, verdad y vida". Yo como "profe" me contento con ser una flecha que señale la dirección hacia ese CAMINO, hacia LA VERDAD, hacia LA VIDA.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Vivir el 22 domingo de TO, ciclo A

MATEO 16, 21-27
Desde entonces empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, padecer mucho a manos de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día. Entonces Pedro lo tomó aparte y empezó a increparlo: - ¡Líbrete Dios, Señor! ¡No te pasará a ti eso! Jesús se volvió y dijo a Pedro: - ¡Vete! ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres un tropiezo para mí, porque tu idea no es la de Dios, sino la de los hombres. Entonces dijo a los discípulos: - El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y entonces me siga. Porque si uno quiere poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la pondrá al seguro. Y luego, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero a precio de su vida? ¿Y qué podrá dar para recobrarla? Además, el Hijo del hombre va a venir entre sus ángeles con la gloria de su Padre, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta.

APRENDER A PERDER

El dicho está recogido en todos los evangelios y se repite hasta seis veces: «El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará». Jesús no está hablando de un tema religioso. Está planteando a sus discípulos cuál es el verdadero valor de la vida.
El dicho está expresado de manera paradójica y provocativa. Hay dos maneras muy diferentes de orientar la vida: una conduce a la salvación; la otra, a la perdición. Jesús invita a todos a seguir el camino que parece más duro y menos atractivo, pues conduce al ser humano a la salvación definitiva.
El primer camino consiste en aferrarse a la vida viviendo exclusivamente para uno mismo: hacer del propio «yo» la razón última y el objetivo supremo de la existencia. Este modo de vivir, buscando siempre la propia ganancia o ventaja, conduce al ser humano a la perdición.
El segundo camino consiste en saber perder viviendo como Jesús, abiertos al objetivo último del proyecto humanizador del Padre: saber renunciar a la propia seguridad o ganancia, buscando no solo el propio bien, sino también el de los demás. Este modo generoso de vivir conduce al ser humano a su salvación.
Jesús está hablando desde su fe en un Dios salvador, pero sus palabras son una grave advertencia para todos. ¿Qué futuro le espera a una humanidad dividida y fragmentada donde los poderes económicos buscan su propio beneficio; los países su propio bienestar; los individuos su propio interés?
La lógica que dirige en estos momentos la marcha del mundo es irracional. Los pueblos y los individuos estamos cayendo poco a poco en la esclavitud del «tener siempre más». Todo es poco para sentirnos satisfechos. Para vivir bien necesitamos siempre más productividad, más consumo, más bienestar material, más poder sobre los demás.
Buscamos insaciablemente bienestar, pero, ¿no nos estamos deshumanizando siempre un poco más? Queremos «progresar» cada vez más, pero, ¿qué progreso es este que nos lleva a abandonar a millones de seres humanos en la miseria, el hambre y la desnutrición? ¿Cuántos años podremos disfrutar de nuestro bienestar cerrando nuestras fronteras a los hambrientos y a quienes buscan entre nosotros refugio de tantas guerras?
Si los países privilegiados solo buscamos «salvar» nuestro nivel de bienestar, si no queremos perder nuestro potencial económico, jamás daremos pasos hacia una solidaridad a nivel mundial. Pero no nos engañemos. El mundo será cada vez más inseguro y más inhabitable para todos, también para nosotros. Para salvar la vida humana en el mundo hemos de aprender a perder.
José Antonio Pagola

martes, 29 de agosto de 2017

Amanece un nuevo día

SEÑOR, amanece un nuevo día. Y con él, un nuevo curso.
Un día que se ha hecho posible gracias a tu amor.

Lo has vestido con tu mirada de creador y padre,
Le has dado todo tu esplendor y belleza,
aunque haya días fríos y con lluvia.

Tú nos has dado este nuevo amanecer,
esta mañana de hoy para seguir viviendo,
para seguir aprendiendo
que Tú amaneces para todos por igual
Al iniciar el curso, toma mi vida, Señor,
con ella yo te alabo.

Al alba tempranera se asoma mi oración,
a través de la luz de la mañana,
ten presente mi oración
para pedirte que tus ojos
le presten a mis ojos su visión.
No dejes que, según avancen los días,
mis pasos se extravíen;
no dejes que te olvide;
no permitas que desconfíe de Ti
y de tu amor para conmigo.

No dejes que termine perdido/a
entre la trama
de tanta bagatela inútil,
de tantas componenda como tejen a mi alrededor.
Haz que yo no sea este curso de los que no juegan limpio,
De los que no dicen verdad.

Ven, Tú, Señor, a mi vida, en este curso nuevo.
Sé tú mi amigo y compañero de jornada.
Cuando me encuentre con los otros
haz que sepa ver tu rostro escondido en el suyo,
aunque duela, aunque cueste.

Por eso, amplía mi visión,
 abre mi ventana interior.
Ayúdame a no volver la mirada,
a ser sincero y a mirar de frente.

Que tu rostro se refleje también en el mío.
Ayúdame, Señor,
a encontrar las palabras y los gestos oportunos,
para que nadie salga herido,
sino reconocido como hermano o hermana
y compañeros de camino.

domingo, 27 de agosto de 2017

Festividad de San Agustín (28 de agosto)


Señor, por amor de tu amor hago lo que hago (Conf. 2, 11,1).

Señor, tú que nos diste el que te encontráramos
y el ánimo para seguir buscándote,
no nos abandones al cansancio ni a la desesperanza.
Haznos buscarte siempre, y cada vez con más ardor.
Y danos fuerzas para adelantar en tu búsqueda.

Ante ti ponemos nuestra fortaleza. Y con ella nuestra
debilidad. Acreciéntanos la primera y cúranos la segunda.

Ante ti ponemos nuestra ciencia. Y con ella nuestra
ignorancia. Allí donde nos abriste, recíbenos,
pues estamos entrando. Allí donde nos cerraste,
ábrenos, pues estamos llamando.

Que nos acordemos de ti. Que te comprendamos.
Que te amemos. Aumenta en nosotros tus favores
hasta que totalmente nos reformemos en ti.

Frases de San Agustín

Entra en tu casa para habitarte a ti mismo. Y deja entrar a Dios
para ser habitado por él (In Ps. 131, 12).

Estás en Dios, porque Dios te contiene. Dios está en ti,
porque has sido hecho su templo (In. Joan. 48,10).

Dios empieza a habitar en ti cuando tú empiezas a amarle a él.
Ama, pues, cada vez más a tu habitador
para que, habitando en ti más perfectamente,
Él te lleve a la plenitud de la perfección (In epist. Joan. 8, 12).

Dios, contigo, no es más. Tú, sin él, eres menos.
Súmate, pues, a él, no te restes. Si te acercas a él,
te rehaces. Si te apartas de él, te deshaces (In Joan. 11, 5).

Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está
inquieto hasta que descanse en ti (Conf. 1, 1,1).

Puesto que estamos de paso en el mundo, hagamos
obras que no pasen, a fin de que, cuando hayamos
pasado del todo y llegado al término del que
no se pasa, volvamos a encontrarnos con ellas (Serm. 111, 2).

De nada sirve la confesión de los labios si no va
acompañada de las profesión del corazón (Serm. 365).

Si quieres seguir a Dios, deja que él tome la iniciativa.
No trates de que él se haga tu seguidor (In Ps. 124, 9)

Dios no te ama por lo que eres, sino por lo que
Él quieres que seas. En tanto tiene misericordia de ti
en cuanto, odiándote como eres, quiere hacerte mejor (Serm. 9,9).

¿De qué sirve la señal de la cruz sobre la frente
cuando esa misma señal no se hace en el corazón?
Dios no quiere pintores de sus signos, sino
“hacedores” de ellos. (In ps. 50, 1).

No es difícil escuchar a Cristo, alabar
su Evangelio o aclamar al predicador. Otra
cosa es seguir a Cristo hasta el final, oír la voz del
Buen Pastor y ser parte de su rebaño (In Joan. 45, 13).

Confiesa a Dios con tus palabras, diciendo la verdad
y con tus obras, viviendo en rectitud (Serm. 143, 13).

La búsqueda de Dios es la búsqueda de la felicidad.
y el encuentro con Dios es la felicidad misma (De mor. Eccl.cath. 11, 18).

Donde están la fe, la esperanza y la caridad, allí
tiene Dios su retrato (In ps. 48,2,11).

¿Quieres saber qué clase de persona eres? Pon
a prueba tu amor. ¿Amas las cosas terrenas?
eres tierra. ¿Amas a Dios? No tengas miedo
en decirlo: eres Dios (In epist. Joan, 2, 2,14).

¡Qué bello y qué agradable cuando los hermanos habitan en uno! (In ps. 132, 1, 2)

Alegraos de vuestra fraternidad más que de vuestras diferencias personales,
a fin de que la soberbia que está siempre al acecho de las buenas obras,
no os haga perecer.

Anteponed, por tanto, las cosas comunes a las propias,
y no las propias a las comunes.
La solicitud por lo común es la medida de la perfección.

Aplicaos con instancia a la oración,
Sobre todo en las horas y tiempos señalados.
Y, al orar, saboread en el corazón lo que decís con los labios.

Vivid con tanta moderación como os permita vuestra salud.
Cuanto más sanos estéis, tanto más
alegres debéis sentiros de vuestra frugalidad
y con tanto mayor empeño debéis servir a los que precisan un trato especial.

No os hagáis notar por vuestro porte, sino por vuestra conducta.
No deis lugar a contiendas
por el hábito del cuerpo, ayudaos mutuamente
a guardar vuestro hábito interior.
De este modo,
Dios que habita en nosotros os guardará mejor
por medio de vosotros mismos.

Permanezcamos en sus palabras

"Permanezcamos en sus palabras para no ser confundidos cuando venga. En el Evangelio dice a los que creen en Él: Si permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos. Y como si le preguntasen: ¿Qué provecho nos reporta?, responde: Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará. Ahora nuestra salud se basa en la esperanza, no en la realidad, pues aún no tenemos lo que se nos prometió, sino que lo esperamos venidero. Fiel es el promitente; no te engaña. Únicamente no desfallezcas; espera la promesa. La verdad no puede engañar" 

(San Agustín. Comentario a Epístola de Juan 4, 2).

Entra en ti mismo


Confesiones de San Agustín (Película)