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Santa Mónica | 27 agosto

Mónica nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332. Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa pero de muy fuerte disciplina. 

Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad (como su nombre lo indica) pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero sin religión ni gusto por lo espiritual. 

Sufrió mucho.

Tuvieron tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por docenas de años. En Milán; Mónica se encontró con el Santo más famoso de la época, San Ambrosio, arzobispo de esa ciudad.      

En él se encontró un verdadero padre lleno de bondad y de sabiduría que la fue guiando con prudentes consejos. Además, Agustín se quedó impresionado por su enorme sabiduría y la poderosa personalidad de San Ambrosio y empezó a escucharle con profundo cariño y a cambiar sus ideas y entusiasmarse por la fe católica. 

Santa Mónica, mujer de fe


Festividad de San Agustín (28 agosto)


Descansar en Dios

Dios mío, ¿quién me hará descansar en ti?
¿Quién me dará que vengas a mi corazón y lo
embriagues para que me olvide de mis maldades
y me abrace a ti, mi único bien?

¿Qué eres tú para mí? Y ¿Qué soy yo para ti?
¿Por qué me mandas que te ame y te enfadas
conmigo y me amenazas con la mayor de las
miserias si no lo hago? ¿No es acaso, miseria
suficiente la de no amarte?

Señor y Dios mío, dime por tus misericordias qué
eres tú para mí. Di a mi alma: yo soy tu salvación.
Díselo en forma tal que llegue a entenderlo.

Los oídos de mi corazón están ante ti. Señor,
ábrelos tú, y dile a mi alma: yo soy tu salvación.
Que yo corra tras esa voz y te dé alcance a ti.
No te escondas de mí. Muera yo para que no
muera y pueda ver tu rostro.

Angosta es la casa de mi alma para darte cabida.
Ensánchamela tú. En ruinas la tengo. Repáramela tú.
Cosas hay en ella que ofenden a tus ojos. Lo sé
 y lo confieso.

Creo y por eso hablo. Tú lo sabes, Señor.
No entro en juicio contigo, porque si tú miras las iniquidades,
¿Quién podrá subsistir?

Permíteme con todo a mí, polvo y ceniza, hablar
en presencia de tu misericordia. Sé que, al hacerlo,
no hablo a hombres que puedan reírse de mi.
Aunque quizá mis palabras te causan risa a ti, al menos
cuando te vuelvas a mi sé que de mi tendrás misericordia.

(San Agustín. Conf. 1, 5, 6)

Si no quieres sufrir, no ames


Enciende mi interior, Señor

Enciende en mi interior, oh Dios,
el deseo de meditar tu Palabra;
Vete ilustrándome en su conocimiento
y haz que dedique a ello mi tiempo.
Así, no sólo soy útil para mi  mismo,
sino que ejercito la caridad fraterna.

Te ofrezco mi inteligencia y mi palabra;
Poda todo error y toda mentira de mis labios,
y haz que tus Escrituras
sean mis placeres preferidos.

Haz que no me engañe yo con ellas,
y que a nadie confunda yo con ellas.
Concédeme esto, Señor mío,
Tú que eres luz de los ciegos y
fortaleza de los desvalidos.

Dame tiempo para escrutar los secretos
que has ocultado como tesoros en tu Biblia
y rastrear en cada página el sentido de  tus mensajes.
Revélame el tesoro de sus significaciones,
porque tu voz es mi gozo.

Yo amo tu Palabra.
Dame lo que amo y derrama su significado
como lluvia sobre esta  hierba sedienta de mi alma.

Que bebiendo así de ti, Señor,
admire desde tu potencia creadora en el Génesis
hasta el último segundo de la historia,
puerta para tu Ciudad Eterna.

Te lo repito, Señor,
mi deseo es conocer tu Palabra;
lo demás me lo darás por añadidura.

(San Agustín. Cf. Conf. XI, 2)

Jesús nos envía por el mundo


Parálisis interior

Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. 
Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.
Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados". Mc 2, 1-5

Reflexión 
En tal disposición interior se encontraba aquel paralítico al que, como sus portadores no podían introducirle ante la presencia del Señor, hicieron un agujero en el techo, y por allí lo descolgaron. Es decir, para conseguir lo mismo en lo espiritual, tienes que abrir efectivamente el techo y poner en la presencia del Señor el alma paralítica, privada de la movilidad de sus miembros y desprovista de cualquier obra buena, gravada además por sus pecados y languideciendo a causa del morbo de su concupiscencia. 
Si, efectivamente, se ha alterado el uso de todos sus miembros y hay una auténtica parálisis interior, si es que quieres llegar hasta el médico –quizás el médico se halla oculto, dentro de ti: este sentido verdadero se halla oculto en la Escritura–, tienes que abrir el techo y depositar en presencia del Señor al paralítico, dejando a la vista lo que está oculto.

San Agustín Sermón 46

Carta de San Agustín

Querido Amigo;
Yo no fui, de joven, ni mejor, ni peor que la mayoría...
Si acaso..., era más inquieto que mis amigos...
En el colegio no me contentaba con poco...
quería saber qué había detrás de las cosas...
qué sentido tenía esto de la vida...
Conocí lo que significaba amar y ser amado por una mujer...
En este tiempo comencé a ambicionar una posición social y económica...,
llegar a tener un porvenir asegurado...
Pero lo más importante es que llegué a experimentar lo profundo que puede llegar a ser la amistad.
Con el corazón en la boca, yo pedía cada día más, más felicidad...,
más placer..., más verdad..., más ...más!
Cuando se llega a una edad en la vida en donde uno comienza a conformarse con poquito, yo pedía más...
Y en medio de una crisis, donde no veía la dirección hacia dónde ir,
descubrí que mi corazón había sido hecho para recibir al Amor que hizo el amor... y que estaría inquieto hasta descansar en Él...Sin Dios, todo se quedaba detenido en mi vida,
porque con Él todo tiene sentido, la vida y la muerte, el amor y la amistad, el perdón...
Esta es mi vida, mentiría si lo contara de otro modo.
En uno de mis libros llamado las confesiones que es escrito de mi puño y letra, te cuento mi vida...
Claro que no voy a pedirte que tú, que eres diferente a mí, lo repitas.
Puede ser que tú seas de los que no le pide más a la vida,
pero mi experiencia te puede resultar familiar: que tú también andes buscando por aquí y por allá,
y te sientas hoy lleno de amor y mañana de vacío.
A ti te escribo esta sencilla carta para animarte a la búsqueda,
a que no te rindas todavía… aunque todo te invite a rendirte y,
si no encuentras a Dios , no importa , él te encontrará…él es tu profundidad.
No huyas sin más ni más, porque estás huyendo de tu centro…
En el Evangelio se presenta como Jesús, hombre como nosotros, con palabras como las tuyas,
con un mensaje exigente y sobre todo como un modelo a imitar…
De mí solamente quiero decirte de despedida…que me hizo dichoso su llamado a seguirle.

Agustín, el de corazón inquieto

Que siempre sea humano, Señor

Que siempre sea humano, Señor.
Que comprenda a los hombres y sus problemas.
Hombre soy, como ellos.
Hombres son, como yo.

A mí me toca hablarles. A ellos escuchar.
Yo hago llegar a sus oídos el sonido de mi voz.
Y, por mis palabras, trato de compartir con ellos
lo que yo mismo he comprendido.

Que lo haga lo mejor posible, Señor,
para que ellos lleguen también a comprenderlo en
su interior. ¿Cuál sería, si no la razón de mis palabras?

Óyeme, Señor. Recréame, pues me creaste.
Hazme transparente, pues me iluminaste.
Haz que mis oyentes, iluminados por ti,
escuchen tu Palabra por medio de mí.

(San Agustín. Sermón 120, 3)

Santa Mónica "Siempre quise verte bautizado" (Video)

Fuego de amor en tu interior


Santa Mónica, modelo de oración


Buscad siempre a Dios


Entra en ti mismo


Nos habla San Agustín

El amor es aquello que más necesita el hombre. Cualquier persona, sea quien sea, de la condición que sea, necesita recibir estos de cariño, una palabra agradable, una sonrisa, una palabra de aliento... y de apoyo.

Sin amor, nadie es capaz de vivir feliz. Sin amor, todo e vuelve oscuro, difícil y problemático. Con razón decía San Agustín que amar y ser amado era lo que más deseaba en este mundo. Por ese motivo, ninguna enfermedad hay más grave que la de no sentirse querido, lo primero que debemos a cada persona es amor y cariño, incluso a los que no nos caen bien...

El amor debe estar presente en todos los acontecimientos de nuestra ida y debe ser la raíz de todas nuestras motivaciones. Como bien decía San Agustín:
«Si haces la paz, hazla por amor. Si te lamentas, laméntate por amar. Si corriges, corrige por amor... Procura que el amor eche raíces en tu alma. De esa raíz solo puede nacer el bien.» (San Agustín, comentario al evangelio de San Juan. 7,8)

Examínate por dentro, no por fuera. Dios mira al corazón de cada persona. Mira tú también al tuyo y júzgate; juzga si la raíz de tus obras es el amor, porque eso es lo único que les da valor ante los ojos de Dios.

Vuelvo a Ti, Señor

Peregrino y enfermo vuelvo a ti, Dios mío, cansado de peregrinar fuera,
y agobiado por el peso de mis males.
He experimentado que lejos de tu presencia
no hay refugio seguro, ni satisfacción que dure, ni deseo que dé fruto, ni bien alguno que sacie los deseos del alma que creaste.
Aquí estoy, pobre y hambriento. ¡Dios de mi salud! Ábreme las puertas de tu casa: perdóname, recíbeme, sáname de todas mis enfermedades', úngeme con el óleo de tu gracia, y dame el abrazo de paz que prometiste al pecador arrepentido. ¡Oh Verdad! ¡Oh belleza infinitamente amable! ¡Qué tarde te amé, hermosura siempre antigua
y siempre nueva! ¡Qué tarde te conocí!
¡Qué desdichado fue el tiempo en que no te amé ni conocí!

(San Agustín. Confesiones X)

Confesiones de San Agustín (Película)

Que me conozca a mi mismo

Señor Jesús, que me conozca a mi
y que te conozca a Ti,
Que no desee otra cosa sino a Ti.
Que me odie a mí y te ame a Ti.
Y que todo lo haga siempre por Ti.
Que me humille y que te exalte a Ti.
Que no piense nada más que en Ti.
Que me mortifique, para vivir en Ti.
Y que acepte todo como venido de Ti.
Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti.
Que siempre escoja seguirte a Ti.
Que huya de mí y me refugie en Ti.
Y que merezca ser protegido por Ti.
Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.
Que sea contado entre los elegidos por Ti.
Que desconfíe de mí
y ponga toda mi confianza en Ti.
Y que obedezca a otros por amor a Ti.
Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti.
Que quiera ser pobre por amor a Ti.
Mírame, para que sólo te ame a Ti.
Llámame, para que sólo te busque a Ti.
Y concédeme la gracia
de gozar para siempre de Ti. Amén.

(Inspirada en el Libro X de las Confesiones)

Un solo corazón y una sola alma