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Día escolar por la paz y la no violencia


Pronto celebraremos el Día Escolar de la Paz y la No violencia, declarado por la ONU. 
En este día recordamos, que a finales de enero de 1948, fue asesinado Gandhi, quién había logrado la independencia de la India mediante la no violencia y la resistencia pacífica.
Desde el cristianismo se nos recuerda en que consiste la paz auténtica y verdadera:
1- Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios. Dichosos los no violentos, los que sois mansos y humildes de corazón; los que no usáis la fuerza para hacer triunfar el derecho. Dichosos los que habéis renunciado a la agresividad y a la venganza: al “ojo por ojo y diente por diente”. Feliz el que no responde a la injuria, ni responde a la violencia con violencia. 
2- Felices los que cuando os piden, dais: los que cuando veis al que os necesita, no le volvéis la cara. Dichosos los que tenéis la paz en el corazón, porque amáis. Felices vo¬sotros. Pero más felices aún seréis si sois capaces de amar a vuestros enemigos. ¡Así os diferenciáis de los paganos! Bienaventurado el que devuelve bien por mal, amor por odio; el que rechaza el pecado, pero sigue estimando al que lo ha hecho. 
3- ¡Dichosos vosotros, los que renunciáis a hacer disparos! ¡Dichoso el que está en contra de toda guerra, de la carrera de armamentos, de la espiral del terror que está sembrando la historia de muertos! ¡Felices vosotros, los amigos de todos los hombres y de todos los pueblos! ¡Dichosos los que empeñan su vida en cambiar las bombas, los barcos, los aviones y cohetes, por pan, salud, cultura y dignidad para los hombres! 
4- ¡Dichosos los que trabajan por la paz porque ellos se llamarán hijos de Dios! 
Pidamos al Señor por las personas que en estos momentos son víctimas inocentes de las guerras, del terrorismo, de los fanatismos, del odio entre hermanos... y pedimos para ellos la paz. A nosotros haznos para los demás Instrumentos de tu paz. 

Oración por la Justicia y la paz

Señor, tú dijiste que cuantos trabajan por la paz serían llamados hijos e hijas  de Dios;
Concédenos entregarnos sin descanso a instaurar en el mundo la única justicia que puede garantizar a los hombres y mujeres la verdadera paz.

Señor, que con tu amor paternal gobiernas el mundo, te rogamos que todos los hombres a quienes diste un idéntico origen, constituyan una sola familia en la paz y vivan siempre unidos por el amor fraterno.

Señor, creador del mundo, bajo cuyo gobierno se desarrolla la marcha de la historia; atiende nuestras súplicas y concede la paz a nuestros tiempos difíciles.

Señor de la Paz, tú eres la misma justicia: por eso el hombre violento no te comprende ni el corazón cruel te acepta; haz que los buenos perseveren en el bien y los que están enfrentados recuperen la paz con el olvido del odio…Amén

Ayúdame a decir la verdad


SEÑOR...
Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y
a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes
inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y
a no juzgarme como a los demás..
No me dejes caer en el orgullo si triunfo,
ni en la desesperación su fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la
experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y
que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.
¡Señor... si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!

¡Te necesito, Señor!

¡Te necesito, Señor!,
porque sin ti mi vida se seca.
Quiero encontrarte en la oración,
en tu presencia inconfundible,
durante esos momentos en los que el silencio
se sitúa de frente a mí, ante ti.
¡Quiero buscarte!
Quiero encontrarte dando vida
a la naturaleza que tú has creado;
en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,
y en la profundidad de un bosque
que protege con sus hojas los latidos escondidos
de todos sus inquilinos.
¡Necesito sentirte alrededor!
Quiero encontrarte en tus sacramentos,
En el reencuentro con tu perdón,
en la escucha de tu palabra.

Se hace camino al andar

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria de los hombres
mi canción.
Yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar,
bajo el cielo azul,
temblar súbitamente y quebrarse…
Nunca perseguí la gloria…

Caminante son tus huellas,
el camino y nada más.
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar,
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en el mar.

(Antonio Machado)

Cuenta conmigo, Señor (Octubre Misionero)

Señor, hazme instrumento de tu paz,
donde haya odio ponga amor,
donde haya ofensa perdón,
donde haya error ponga yo verdad.

El mundo necesita hombres,
que no se guíen por dinero, bienestar y poder.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita hombres
que pongan al hombre como centro
de las personas, de los grupos, de la sociedad.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita que el amor
sea el motor de sus acciones,
el motor de su historia.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita hombres
que hagan fraternidad donde estén,
que se dejen de palabrería y ayuden a solucionar
los problemas concretos de los hermanos.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita hombres
que lo den todo por el evangelio:
alma, vida y corazón,
y se pongan sin reservas al servicio de los demás.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

El mundo necesita hombres
que anuncien con su palabra y con su vida
que el único salvador, que la única libertad
está en Jesús de Nazaret.
CUENTA CONMIGO, SEÑOR.

Como tú María

COMO TÚ MARIA

Quiero agarrarme a Dios
con la misma mano con la que Tú lo hiciste
Mirarle a los ojos, con tus mismos ojos
Amarle con el corazón limpio como el tuyo
Venerarle con los sentimientos tuyos

COMO TÚ MARIA

Quiero subir al cielo
después de haberle servido a Dios en la tierra

Quiero estar con El
después de haber servido, como Tú, a mis hermanos

Quiero, María,
que –ahora que estás en el cielo-
no olvides nuestras fatigas ni esfuerzos.
No olvides a los hijos que en la tierra dejas
No olvides a la Iglesia de la cual eres Madre
No olvides a los que hemos dicho “sí”

COMO TÚ MARIA

Quisiera un buen día
dejar la tierra con el deber cumplido

Amén.

Anunciar la Buena Nueva

Anunciamos la Buena Noticia de Jesús
cuando seguimos los pasos
de su práctica concreta
y nuestra vida da testimonio
del Reino que Dios quiere para todos.

Anunciamos la Buena Noticia de Jesús
cuando vivimos para los demás,
cuando nos interesa lo que le pasa al otro,
cuando sentimos el sufrimiento ajeno como propio,
cuando el otro es hermano
aunque no lo conozcamos.

Anunciamos la Buena Noticia de Jesús
cuando nos comprometemos por la vida,
cuando luchamos por la justicia,
cuando construimos la paz y la concordia,
cuando nos rebelamos ante la injusticia
e intentamos aportar nuestro granito de arena
para que el mundo cambie.

Anunciamos la Buena Noticia de Jesús
cuando nos animamos a juntarnos,
cuando comenzamos a compartir,
cuando aprendemos juntos,
cuando superamos las diferencias
y nos animamos a vivir
la aventura de la comunidad,
y caminar en los pasos de Jesús.

Anunciamos la Buena Noticia de Jesús
cuando nos preocupamos
de los problemas de esta tierra,
cuando tenemos la mirada atenta
para ver a Dios que habla en la vida,
cuando nos dejamos interpelar
por la marcha de la historia
y juntos buscamos discernir
lo que Dios quiere,
su voluntad en nuestro tiempo.

Anunciamos la Buena Noticia de Jesús
cuando ponemos nuestra existencia
al servicio de su proyecto,
como lo hizo María,
haciendo su voluntad,
viviendo su Palabra,
construyendo su Proyecto
con nuestro aporte.

Anunciamos la Buena noticia de Jesús
cuando confiamos que El vive
y nos dará las fuerzas necesarias,
hablará en nuestra boca
y actuará a través de nuestras manos,
si vivimos según su Espíritu,
animados por la esperanza
que un mundo mejor es posible
si cada uno empieza a construirlo ya,
y eso sí que es una ¡Buena Noticia para todos!

Marcelo A. Murúa

Me conoces por dentro

Señor, nadie mejor que tú me conoce por dentro
porque nada se escapa a tu mirada.
Por más que disimule, por más que lo intente ocultar
siempre sabes cómo me encuentro.
Tú penetras hasta en lo más íntimo de mis sentimientos.
Conoces mis defectos y mis virtudes, mi debilidad y fortaleza.

Ojalá me conozca a mí mismo
como tú me conoces, Señor.
Ojalá entre dentro de mí mismo
como tú entras en mí, Señor.
Que me examine a mí mismo
como tú me examinas, Señor.
Pero que luego me ame a mí mismo
igual que tú me amas, Señor.

Muchas veces vivo la vida desde fuera.
Me da miedo entrar; contemplarme por dentro
y ver que hay cosas en mí que no me gustan.
Por eso huyo. Muchas veces vivo la vida a lo loco.
No me detengo para ver por dónde voy,
porque eso me llevaría a plantearme la vida en serio
y esa invitación no siempre es agradable.

Sé que sólo conociéndome a mí mismo
podré superarme y ofrecerte una vida mejor.
Sé que sólo examinándome a mí mismo
descubriré todo lo que me aleja de tu lado.
Sé que juzgándome a mí mismo,
con sinceridad, escucharé necesariamente tu voz
que me invita a andar por dentro.

Sondéame, Señor, conoce mi corazón,
pruébame, conoce mis luces y mis sombras.
Mira las veces que te doy todo lo que tengo
y ayúdame para crecer a tu lado.

Oración a Ntra. Sra. del Buen Consejo


Virgen Inmaculada, Madre de Dios y nuestra, el Señor hizo de ti una consejera admirable. En las Bodas de Caná dejaste tu consejo: “haced lo que Él os diga”.
En el día de Pentecostés cuando la Iglesia nacía bajo el impulso del Espíritu Santo, tu presencia se hizo sentir entre los apóstoles.
También yo, Madre, suplico tu consejo para mi vida y caminar cristiano. Quiero sentir tu presencia orientándome en mis decisiones, en mis pensamientos y actitudes, para que estén siempre de acuerdo con la voluntad del Padre.
Toma mis manos, Madre querida y orienta mi corazón y todos mis pasos en dirección a tu Hijo, el único camino que conduce al paraíso, donde un día deseo estar contigo sumergida para siempre en Dios.
María, Madre del Buen Consejo, ruega por nosotras. Amén.

Prepara, María

Un camino por el que pueda llegar al cielo
Un lugar donde, yo, pueda descansar en el cielo
Un rincón, desde el que yo pueda contemplar a Dios
Un oasis, donde pueda vivir en paz
Un asiento, donde pueda escuchar la voz del Señor
PREPARA, MARIA
Una goma, para que Dios borre mis pecados
Un traje de fiesta, para que me pueda presentar ante Dios
Un corazón grande, para que Dios pueda habitar en él
Un calzado nuevo, para que no ensucie las calles del cielo
PREPARA, MARIA
Con tu asunción, la hora en la que yo sea llamado
Con tu asunción, el momento en el que yo sea partícipe de la gloria de Dios
Con tu asunción, una escalera por la que acceda al Paraíso
Con tu asunción, un anuncio de lo que estamos llamados a vivir
PREPARA, MARIA
Con tus manos, mi alma dispuesta para Dios
Con tus ojos, miradas limpias para ver a Dios
Con tus pies, caminos por los que encuentre al Señor
Con tu humildad, actitudes de acogida y de perdón
PREPARA, MARIA
Con tu Asunción, el día en el que, pueda presentarme ante Dios
Sin más tesoro que la fe
Sin más inversiones que la caridad
Sin más pretensiones, que la esperanza
Tu Asunción, María, es un destello de luz
Que nos enseña el futuro que nos espera.
Gracias, María.

Javier Leoz


Oración de la dificultad

Dios mío gracias por estar aquí; siempre presente, dando paz y amor, perdonando e iluminando. ¿Qué sería de mi sin tu aliento y sin tu amor? Yo sería un cauce sin agua, un cuadro sin colores, una planta sin sol.

Tú, Señor, eres mi fuerza, la respiración de mi alma, mi fuente de energía, mi inspiración y mi descanso. ¿Por qué me olvido de ti? ¿Por qué te busco sólo cuando estoy rodeado de sombras y con las esperanzas rotas? No me dejes, Dios mío, háblame, tócame, despiértame. No permitas que me aleje de ti y naufrague en el mar del desespero.

Sé luz en mi mente, paz en mi corazón, sabiduría en mis decisiones, amor en mis relaciones. Te necesito, Señor. Tu calmas mi desasosiego y alejas los duendes del mal; contigo es fácil aceptar las asperezas y soportar el dolor. Contigo puedo ser comprensivo con los que me ofenden, fuerte ante el dolor y amoroso con todos. Dame paciencia conmigo mismo y con los demás, una paciencia que me aleje de la ira y el desaliento. Eres mi esperanza y mi fortaleza, mi baluarte y mi descanso. En ti todo lo puedo, y con tu amor los fardos son llevaderos. Tú me libras de las aguas turbulentas, apaciguas mis males y conjuras mis temores. Te amo, Señor, te adoro, te bendigo y te doy gracias.

P. Gonzalo Gallo

Ayúdanos a cambiar, Señor

Ayúdanos a cambiar, Señor,
para mirar el mundo, la vida, los seres humanos
con tu mirada y desde tu corazón.

Sana nuestras cegueras que nos impiden ver
el dolor y el sufrimiento de los que caminan a nuestro lado,
de los que viven en nuestro mundo, bajo nuestro mismo sol.

Sacude nuestro corazón para que aprendamos a ver
con los ojos llenos de Evangelio y Esperanza de Reino.

Corre ya el velo de nuestros ojos
para que, viendo, podamos conmovernos por los otros,
y movernos desde lo profundo del corazón,
para acudir a dar una mano, y la vida toda,
a los que están caídos y rotos en las cunetas de los caminos.

Ayúdanos Señor a ver, y a cambiar… a verte y a optar…
a utilizar esa mirada nueva que nos dejaste:
la mirada del Evangelio,
para ver con tus ojos de Dios,
para sentir con tu corazón compasivo,
para actuar llevados por la fuerza de tu Espíritu,
para hacer posible, ya aquí en la tierra,
el mundo nuevo del Reino prometido. Amén

Orar con los pies

Gracias Señor, por estos pies soporte de mi cuerpo,
que me sirven de apoyo al caminar.
Me conducen allí donde deseo.
Pocas veces, Señor, caigo en la cuenta
de los maravilloso que es poder caminar,
poderme desplazar de un sitio a otro…
Hasta que un día descubro a  un chico como yo
que tiene que llevarlo en silla de ruedas.
Le llevan, no va, no puede ir solo,
ni bajar escaleras, ni salir de paseo a la ciudad,
ni subir de excursión a la montaña.

Gracias, Señor, por las columnas de estas piernas
y el soporte de estos pies.
Es verdad que , aceces, doy un paso en falso
o tropiezo al caminar.
No siempre voy por buen camino,
pisoteo los charcos y me mancho de barro,
o se cubren mis botas de polvo del sendero.

Perdóname, Señor, mis malos pasos.
Condúceme, Señor, por tus senderos:
que camine entre el fango sin mancharme;
que prefiera la senda, escarpada y difícil, de tus montes
a la cómoda y ancha de las charcas de cieno.

Que tú seas, Señor, mi pastor y mi guía.
Que siguiendo tus pasos, llegue un día contigo a la casa del Padre.

Señor, quiero ser amigo...

Señor, quiero ser el amigo
con quien compartir la alegría y el fracaso.
aquel a quien recurrir cuando
hay un problema;
el amigo que critica y da consejos
estando presente el interesado;
el Amigo que comprende
aunque las apariencias engañen;
el amigo que desde lejos,
hace sentir su presencia.

Quiero ser, Señor,
un amigo que no distingue razas,
ni edades, ni credos, ni política, ni distancias.
Quiero saber conservar la verdadera amistad
como el más maravilloso de los regalos.

Quiero ser el amigo que profesa un afecto desinteresado y personal,
que cuida del trato y
es generoso con el tiempo.
Quiero ser un amigo leal, llegar a sentirme como hermano.

Nada hay más noble y escaso
que un verdadero amigo.

Los pequeños detalles

Enséñanos, Señor,
el valor de lo sencillo,
el valor de los pequeños detalles.

Que no pensemos hacer grandes
cosas el día de mañana,
descuidando las pequeñas cosas
que podemos hacer hoy.

Queremos prestar atención
a los que nos rodean,
sobre todo a los que pasan
alguna necesidad.

Ayúdanos a comprometernos
con los que están más cerca:
la familia, los amigos,
los compañeros de clase,…

AMÉN

Renueva, Señor, nuestro corazón


«Renueva, Señor, nuestro corazón»

Ayúdanos a corregir nuestros fallos, nuestra pereza, la apatía que a veces aparece en  nuestras vidas.

«Renueva, Señor, nuestro corazón»

Que sepamos descubrir tu presencia en cada acontecimiento de nuestros días.

«Renueva, Señor, nuestro corazón»

En los ambientes donde me muevo siempre hay alguien que, aunque no esté necesitado de dinero, sí que lo está de calor humano.

«Renueva, Señor, nuestro corazón»

Muchos te han olvidado, Señor,. Muchos viven su fe de forma superficial, sin implicarse demasiado. En esta sociedad donde hacen falta los cristianos comprometidos que lo den todo por el evangelio.

«Renueva, Señor, nuestro corazón»

Todos buscamos la felicidad. Todos nos lanzamos a su conquista, pero no todos encuentran el lugar donde habita. Sin embargo, Señor, nosotros sabemos que se la puede encontrar en el servicio, la gratuidad, la generosidad, la entrega... En el amor. Por eso te pedimos...

«Renueva, Señor, nuestro corazón»

Danos la fraternidad

Hoy, te pedimos, SEñor, lo más precioso:
que nos veamos en nuestras verdaderas caras,
para que no nos creamos importantes,
y hagamos sitio en nuestro corazón
para nuestros hermanos y para Ti.

Te pedimos, Señor, lo más decisivo:
que no nos pongamos a nosotros mismos
en el centro de nuestro corazón;
que sintamos deseos de los demás
y que sintamos deseos de Ti.

Te pedimos que no andemos llenos
de nosotros mismos ni de nuestros sueños;
te pedimos que tampoco nuestros ideales y proyectos,
se conviertan para nosotros en lo absoluto y máximo
que nos impida reconocer los rostros ajenos
y escuchar sus llamadas.

Dios y Padre nuestro, te alabamos con tu Hijo Jesús,
sencillo y de corazón humilde,
porque escondiste su salvación a los sabios y entendidos
y la revelaste a la gente sencilla;
Sí, Padre, bendito seas por haberte parecido bien así.

Pero nosotros, Señor, enseguida queremos hacernos grandes
y hasta copiamos los gestos de los grandes de este mundo;
ponemos los rostros muy graves y andamos agobiados
como si la marcha del mundo colgara de nuestros hombros.

Danos, Señor, el gusto de ser compañeros y hermanos de todos,
el gusto de vivir una vida compartida,
de recibir agradecidos para poder dar gratuitamente.

Danos la capacidad de ver la riqueza escondida de la gente
que vive a nuestro lado,
y la pobreza para dar sin esperar nada a cambio.
De este modo, libres de ambiciones,
podremos abrazar verdaderamente al mundo
y entregarnos sencillamente a la tarea de discernir
los signos de los tiempos... siguiéndote Seño por los caminos
de la vida viviendo y proclamando tu Evangelio.

Hoy Dios te convoca (Oración)

Hoy Dios te convoca.
Hoy Dios sale a tu paso.
Hoy Dios te sugiere, con susurro de invitación:
Vuélvete a mí. Te estoy esperando.
Rasga tu corazón y purifícalo de todo lo que le aparta de mí.
Pregúntate: ¿Quién es tu dios? ¿A quién o a qué adoras?

Hoy Dios te dice:
Este es el tiempo oportuno.
Esta es una nueva oportunidad.
Este es un día de salvación.
En nombre de Dios: “Déjate reconciliar con Dios”.

Hoy Dios te dice:
No vivas de apariencias.
Trabaja en secreto tu corazón hasta hacerlo semejante a Dios.
Entra en el secreto de tu vida. Atrévete.
Dios está en lo escondido, en tu adentro más íntimo.
Entra allí, en tu adentro.
Atraviesa la superficialidad que te rodea.
Entra en tu adentro y ora.
Dios escucha tu secreta oración.
Dios tiene ganas de intimar contigo.
Dios te está esperando.

Hoy Dios espera:
Hacerte nuevo.
Alegrar tu vida.

Seguir a Jesús


Todos buscamos en la vida aquello que nos hace felices. Pero, desgraciadamente, no todos encuentran al que es la Felicidad. Son muchos los que se quedan en cosas que sólo ofrecen un disfrute esporádico; los que viven del goce instantáneo que no dura más allá del momento.
Sin embargo, cuando ponemos nuestro corazón en Jesús, todo cambia. Cambió para los discípulos de Jesús que, tras responder a la invitación de ver dónde vivía el Maestro, se quedaron con él. Cambió para el grupo de discípulos que dejaron todo lo que hasta ese momento más apreciaban (su trabajo, su familia...) con el fin de seguir a su futuro Señor. Cambió para los pecadores que fueron sanados y volvieron a sus hogares con el corazón convertido y lleno del amor. También durante muchos años ha cambiado la vida de muchas personas que se han encontrado con él y le han preguntado como el joven rico: «¿Qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?».
También nosotros, desde nuestra propia vida e historia, queremos acudir a Jesús para preguntarle qué quiere de nosotros, para responder a lo que nos pida y para poner todo nuestro corazón en el Maestro, de forma que podamos gustar ya aquí la alegría del Reino.

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