4º Domingo de Adviento


Desde nuestro barco oteamos la figura de María y José en una isla, esa isla somos cada uno de nosotros. Dios ha llegado a nosotros, y lo ha hecho de la forma más sencilla... haciéndose niño, un indefenso niño pequeño que nos transmite ternura, devoción, cariño, perdón...
Debajo de la silueta del pesebre encontramos la bola del mundo.
Dios ha venido a nosotros, a nuestro mundo, a nuestra vida... No nos quiere perfectos, nos quiere como somos, con nuestras limitaciones y nuestros valores.
Dios, con su llegada a nuestro planeta solo nos trae un mensaje... OS AMO. Dios nos ama y nos lo demuestra con su hijo Jesús.
Nosotros, desde nuestra embarcación, gritamos con gozo ¡¡¡TIERRA A LA VISTA!!! porque, realmente hemos encontrado aquello que nos da vida aquello que nos anuncia un mañana mejor, un mundo con más paz, mas humanidad, más compañerismo y más libertad.

Os proponemos hacer una bola del mundo con una cartulina y poner cerca de ella, la estrella, el corazón, el barco y... finalmente la silueta de JESÚS HECHO NIÑO.

Nuestro barco, a lo largo de estas semanas ha sufrido tormentas, tempestades, ha saboreado la calma del mar tranquilo, ha recorrido países, ciudades,... ha compartido con el resto de la tripulación la grandeza de mirar todos en la MISMA DIRECCIÓN.

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