sábado, 9 de agosto de 2014

No hay brisa si no alientas

No hay brisa si no alientas, monte si no estás dentro,
ni soledad en que no te hagas fuerte.
Todo es presencia y gracia, vivir  es este encuentro,
Tú por la luz y el hombre por la muerte.

Palabra de Dios:  Mt 25, 31-40 
“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregados ante él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme.” Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos, más pequeños, a mí me lo hicisteis”

El camino nos da la oportunidad de conocer otras formas de vivir y de mirar el mundo. Amplia nuestros horizontes y nos hace por ello más humanas. Pero también nos da la oportunidad de sentirnos, quizá como nunca antes en nuestras vidas, necesitadas de los demás, y por ello, inmensamente frágiles y pobres. En el camino dejamos todas nuestras seguridades y nos disponemos  a aprender a recibir; a acoger como regalo todo lo que los demás, los otros peregrinos, las gentes del camino, quieran darnos y que nosotras necesitamos para nuestra propia supervivencia. Caminemos hoy aprendiendo a hacernos pobres, pequeños…

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