martes, 18 de noviembre de 2014

Oscar Romero... ¡Por fin!

Muchos años han pasado (han tenido que pasar) para que llegue este momento con la buena noticia de la beatificación de Oscar Romero, arzobispo de El Salvador. Para una buena parte de la gente ya es considerado como santo. Eso es lo que se llama canonización por aclamación popular.
Motivos políticos, razones de conveniencia, el miedo a no ser comprendida la beatificación por parte de un sector del las fuerzas armadas, etc, han ido retrasando muchos años, lo que debiera estar ya hecho hace bastantes. Ni Juan Pablo II, ni Benedicto XVI, vieron oportuno elevar a los altares, al que ya tenía el pueblo. ¡Demasiada prudencia! ¡Demasiado miedo!
Tenía que llegar Francisco (el Papa Francisco) para atreverse a hacer justicia a Oscar Romero, sin miedos mundanos, ni prudencias poco evangélicas. ¡Gracias, Francisco!
Oscar Romero fue asesinado, no por comunistas o gente atea, sino por cristianos; esto vuelve incómodo el tema para mucha gente dentro de la Iglesia. Pero parece que Romero no es un santo incómodo para el papa Francisco, sino todo lo contrario.
Estamos acostumbrados (mal acostumbrados) a ver cómo muchos Obispos, en todas partes, callan situaciones de injusticia por una falsa prudencia, sobre todos cuando se trata de regímenes totalitarios o dictatoriales. Oscar Romero fue capaz de jugarse la vida por defender a los que nadie defendía, o eran perseguidos o marginados.
Su muerte (tiro en el pecho), mientras celebraba la Santa Misa, además de ser un acto cobarde por parte del tirador y de los que lo mandaron, habla de su sentido evangélico. Se volvió célebre por su predicación en defensa de los derechos humanos y murió asesinado en el ejercicio de su ministerio pastoral.
“La Catedral de San Salvador se hallaba abarrotada el 23 de marzo, como cada domingo, llena del pueblo sencillo y fiel, de su grey, de su feligresía pobre, que a menudo caminaba docenas de kilómetros desde lejanos cantones para escucharle en directo y no sólo por radio. Las viejitas de pies descalzos depositaban flores y pequeños regalos al pie del altar. También asistían docenas de periodistas extranjeros, sorprendidos y asustados por lo que veían, tal vez barruntando un desenlace anunciado que tendría lugar apenas un día después, tal vez intuyendo que asistían a un acontecimiento histórico, paralelo al asesinato de otro obispo católico, Tomás Moro”
Estas son palabras de Oscar: “Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la ley de Dios que dice: NO MATAR. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios (…). Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla (…) Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado (…). La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre (…). En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión! (…)”.
El anuncio de que será beatificado el próximo año, es una buena noticia para mucha gente, y se repara una injusticia más.

Félix González
http://blogs.21rs.es/

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