Buenos días


Un muchacho tenia un hermoso caballo del que se sentía orgulloso. Un día, el caballo se escapó y por más que lo buscó, no pudo encontrarlo. La familia estaba desolada. A los pocos días el caballo apareció acompañado por una preciosa yegua. 
La desgracia se convirtió en felicidad y el muchacho estaba loco de alegría, pero el padre le advirtió:«No seas idiota y no te alegres tanto». Al día siguiente, al montar el caballo, el hijo cayó de él y se rompió una pierna. La felicidad se volvió desgracia. Al poco tiempo estalló la guerra y todos los muchachos del pueblo fueron movilizados; todos menos el muchacho cojo que fue declarado inútil. 
La mayor parte de los jóvenes murieron en el campo de batalla y sólo se salvó el joven campesino debido a su cojera.La desgracia se volvió felicidad.
(Cuento Zen)

La enseñanza de la parabolilla de hoy es difícil, Señor, de entender. Quiere decirnos que no hay que entristecerse mucho en las desgracias, ni hay que alegrarse mucho en los éxitos. Pero no es así como nosotros estamos acostumbrados a comportarnos Por eso solemos vivir como una hoja seca que es arrastrada por el viento que sopla Ayúdanos, tú, Señor, a saber esperar en los momentos malos y a no desesperar nunca. Te pedimos hoy por los que viven desesperados, por los derrotistas y desconfiados. 

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