Madre del Buen Consejo (26 de abril)


La historia de salvación gestada a lo largo del tiempo tiene su punto más alto en la encarnación del mismo Hijo de Dios que vino a habitar en medio de nosotros para revelarnos el plan de amor del Padre por su creación. La encarnación se hace posible por la colaboración directa de María que se entregó enteramente en las manos de su Dios. Puede concebir a Dios en el vientre porque lo había concebido en su corazón, pues conocía y creía en las Escrituras. “Nuestra Congregación de Agustinas Misioneras la invoca especialmente bajo el título de MADRE DEL BUEN CONSEJO y a Ella confiamos nuestra vida y proyectos apostólicos”(C.41)
La fiesta de hoy es una invitación a unirnos más estrechamente a María como nuestra mejor consejera. Es una invitación a tener presentes cada una de nuestras comunidades y su misión, colocándolas en manos de nuestra Madre.

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