sábado, 4 de agosto de 2018

Creo en la paz

Creo en la paz siempre joven.
Creo en la paz de los hombres nuevos.
En la paz, grabada en corazones de carne.
En la paz, en la paz sin tiempo.

Creo en la paz que destruye las armas.
En la paz de bombas de risa.
En la paz de la verdad.
Creo en la paz de los silos recoletos de trigo.

En la paz del ser frente al tener.
En la paz sin barrotes.
Creo en la paz de los que se abrazan y besan.
En la paz de los que perdonan y olvidan.
En la paz con letras mayúsculas.

Creo en la paz de campos de girasoles.
En la paz de ríos limpios.
En la paz que no se compra en los mercados.
Creo en la paz de la justicia.
En la paz de la solidaridad.

En la paz de la misericordia.
Creo en la paz del Creador de la Paz.
Padre nuestro, paz
Padre nuestro, de todos: ni mío ni tuyo, sino de todos y para todos por igual: paz.

Que estas en el cielo y en la tierra, allí donde crece la paz,  y, con entrañas de madre, estás en quien hace presente la paz, y quieres estar en quien todavía vive dominado por el odio o el rencor.

Santificado sea tu nombre y el nombre de todos aquellos que aman la paz, que calladamente trabajan por la paz, que son constructores de paz haciendo nuestro mundo más santo y habitable.

Venga a nosotros tú Reino que es un reino de justicia para todos, cuyo fruto es la paz.
Hágase tu voluntad de paz en la tierra a todas las personas de bien  y paz en el corazón a todas las personas de mal.

Danos hoy -y siempre- nuestro pan de cada día,  y fuerza para ganarlo y salud para disfrutarlo y fe para compartirlo en paz, con paz.

Perdona nuestras ofensas para que nos sintamos perdonados y aprendamos a perdonar,  y perdonemos nosotros también contagiando la paz de nuestro corazón a un mundo  cada vez más lleno de amor.

No nos dejes caer en la tentación de imponer nuestra paz  o de desesperar ante el lento crecimiento de la semilla de la paz.

Y líbranos del mal  de un corazón sin paz.
Amén. Shalom. Paz.

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