La cruz de María


Subí al calvario preguntando por Jesús;
una voz -dulce y misteriosa- me respondió:
no mires hacia abajo
allá, en lo alto, ese que cuelga
es mi único hijo.
Subí al calvario, y pregunté el por qué de aquello.
Una voz, paciente y serena, me respondió:
no preguntes demasiado
con que digas ¡creo! a El le basta
Subí al calvario, preguntando el por qué tanta sangre.
Una voz, familiar y conmovedora, me respondió:
el amor, cuando va con sufrimiento, tiene más valor
Subí al calvario, y pregunté por Jesús de Nazaret.
Una voz, virginal y humana a la vez, me respondió:
Aquel, del cual,  su costado emana vida
Aquel que está clavado de manos  de pies
Aquel, aunque no te lo parezca, El es.
Subí al calvario, preguntando, ¿por qué tanta cruz?
Una voz, débil y fuerte a la vez, me respondió:
Yo, como Madre, también me pregunto eso y más
pero, Dios, en lo más hondo de mis entrañas me dice
que, después de la tiniebla vendrá el sol,
a continuación del llanto el gozo
y después de la muerte, la Resurrección.
Sólo sé que, a mí,
me toca estar, acompañar, rezar y esperar
Amén.

Ave María y canto
 J.Leoz

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