Tu viña

Envíame, siempre que me necesites, Señor
y, si miro hacia atrás,
haz que vea el horizonte que me espera.

Mándame, Señor, a trabajar en tu hacienda
y, si prefiero quedarme en el escaparate de la vida
hazme comprender que la apariencia
la sensualidad, lo que veo y toco
más pronto que tarde, todo acaba.

Sí, amigo y Señor; quiero ir a tu viña
aunque a veces te traicione
aunque en ciertos momentos tenga miedo
o, en otras ocasiones, por esto o por aquello
me sacuda la incertidumbre o la pereza
¡Quiero ir a tu viña!

Y, si por lo que sea, Señor,
te digo “sí” y luego es “no”
perdóname, Tú sabes cómo soy
Sólo Tú, Señor, tienes la fuerza total y necesaria
para cambiar el mundo y, también, para hacerlo conmigo
Sólo Tú, Señor, sabes de antemano
que no siempre mi respuesta es la más sincera
ni, otras tantas veces, la más acertada.

Pero, a pesar de todo, Señor
me comprometo y quiero ayudarte en tu viña
para que no se debilite
y siga germinando en abundancia;
para que no muera
y los hombres y mujeres de mi tiempo
puedan acercarse hasta ella
y cortar el racimo de la fe y de la esperanza
y puedan beber el vino del amor y del perdón.
Por eso, Señor, ayúdame…
quiero, que cuando Tú me envíes,
pueda salir a cuidar y trabajar la viña que Tú tanto amas.

Amén.

J. Leóz

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